«Tienes que aprender a expresar tus opiniones».
Excelente consejo, salvo por un detalle: ya las expresaste. Varias veces.
Explicaste el problema, propusiste alternativas y hasta ensayaste una forma más respetuosa de discrepar.
La respuesta de tu superior fue siempre parecida: «Mi criterio es el correcto. Eres demasiado ingenuo. Haz lo que te digo».
Debate terminado antes de empezar.
Y alguien te recomienda un curso de asertividad.
Si ya pulsaste el botón, quizá el fallo no esté en tu dedo.
No hablar y no ser escuchado no son lo mismo
Conviene distinguir tres situaciones: no expresas tu desacuerdo; lo expresas, pero la jefatura elige otra opción con razones; lo expresas y el cargo de la otra persona sirve para cerrar la conversación sin examinarlo.
Las tres pueden acabar en la misma orden de trabajo. No tienen la misma causa.
Es normal que quien dirige tome decisiones finales. Rechazar una propuesta no es automáticamente un abuso. Lo distinto es sustituir toda explicación por «mando yo».
La apertura de quien escucha también importa
La investigación sobre la participación de empleados ha asociado la disposición de los responsables a escuchar con la expresión de propuestas de mejora [1]. Otro estudio señala que las reacciones de superiores pueden variar según a quién se dirige la propuesta y la experiencia de quien habla [2].
No son pruebas de lo que ocurrió en una empresa concreta. Sí sirven para entender que el resultado no depende solo de hablar con seguridad.
Puedes rehacer diez veces la presentación. Si el evaluador únicamente pulsa «no me gusta», el problema quizá no sea la tipografía.
Lo que puedes mejorar y lo que no te corresponde
Puedes concretar el problema, explicar sus efectos, ofrecer opciones, conservar registros cuando proceda y usar los cauces disponibles.
No puedes obligar a alguien a discutir de buena fe.
Si después de intentos razonables nada cambia, un traslado o un nuevo entorno pueden ser opciones. Hay que valorar cada situación, sus riesgos y sus obligaciones.
A veces la lección no es «aprende a decir no», sino «reconoce que ya lo dijiste y observa qué hizo la otra persona con ello».
La asertividad es útil. Lástima que no actualice los oídos del jefe.
[1] Detert y Burris (2007). https://doi.org/10.5465/AMJ.2007.26279183 [2] Yang, Li y Sekiguchi (2021). https://doi.org/10.1057/s41291-019-00075-1
