En redes sociales se ven mucho opiniones como estas:
No te conviene abrirte demasiado con tus compañeros de trabajo
Los compañeros de trabajo no son tus amigos
Con la gente de la empresa es mejor no decir lo que piensas de verdad
En el trabajo no hay aliados
Y sí, en parte tienen razón.
En el trabajo hay intereses de por medio.
Evaluaciones, ascensos, traslados, camarillas, la cercanía con el jefe, los chismes, que te endosen tareas, que te echen la culpa.
Con todo eso en juego, contarle tus verdades a cualquiera, como lo harías con tus amigos de la escuela, es arriesgado.
Seguro que hay quien ha vivido cosas como estas:
- Lo que contó se lo fueron diciendo a todo el mundo
- Lo usaron como punto débil en su contra
- Sus quejas llegaron a oídos del jefe
- Se corrió la voz de que pensaba cambiar de trabajo
- Lo usaron para sentirse superiores
- Pidió consejo y le soltaron un sermón
- Se acercó demasiado a alguien y terminó agotado
Si te pasó algo así, es natural pensar que "mejor no abrirse con la gente del trabajo".
Pero si de ahí pasas a generalizar y decir
Todos en el trabajo son enemigos
En el trabajo no se necesitan amigos
No hay que abrirse con nadie
ya te has ido demasiado al otro extremo.
"Todos son enemigos" parece más seguro, pero también te deja sin amigos del alma en potencia
Quien se ha llevado golpes en las relaciones laborales suele querer cerrarse del todo.
Como defensa, se entiende.
Pero tener a alguien de confianza en el trabajo vale muchísimo.
- Ir a la oficina pesa menos en lo emocional
- Tienes a quién acudir cuando estás en un apuro
- Puedes ver el ambiente laboral con algo más de perspectiva
- Te llega mejor la información
- Puedes desahogarte sin riesgo
- Es más difícil que te aísles
- Te resulta más fácil mantenerte entero incluso en situaciones injustas
Tratar a todos como enemigos te aleja de la gente peligrosa, sí, pero a veces también te aparta de personas realmente confiables, de gente con la que podrías tener una relación larga, de futuros amigos del alma.
Es una pena.
La respuesta correcta en las relaciones laborales no es
abrirte con todos
ni tampoco
cerrarte tratando a todos como enemigos.
Lo correcto es
elegir la distancia según la persona.
No se trata de "no abrirte", sino de decidir "con quién y hasta dónde"
Lo importante no es elegir entre abrirte o cerrarte.
Las relaciones tienen niveles.
Por ejemplo, se pueden dividir así:
| Distancia | Tipo de trato |
|---|---|
| Solo asuntos de trabajo | Comunicaciones necesarias, saludos, conversación mínima |
| Charla ligera | El clima, el almuerzo, aficiones, algo que viste hace poco |
| Se puede pedir consejo | Problemas del trabajo, preocupaciones leves |
| Puedes contar algo de lo que piensas de verdad | Cómo ves el trabajo, el futuro, quejas, algunos puntos débiles |
| De confianza | Puedes hablar con tranquilidad y de forma sostenida |
| Posible amigo del alma | Una relación que dura más allá de los intereses |
No hace falta convertir a todos en posibles amigos del alma.
Y tampoco hace falta dejar a todos fijos en "solo asuntos de trabajo".
Basta con ir ajustando la distancia poco a poco, fijándote en cómo reacciona cada persona.
Eso no es ser frío.
Es una gestión de permisos normal y corriente para proteger la información de tu propio corazón.
La confianza no se da de golpe: se puede ir desbloqueando por niveles
Las relaciones laborales se parecen a la gestión de permisos de un juego o de un sistema.
No hace falta darle permisos de administrador a todo el mundo desde el primer día.
Al principio, con permisos de invitado basta.
Y luego se va desbloqueando poco a poco:
- Permisos de invitado
- Usuario normal
- Usuario de confianza
- Permisos de administrador
En las relaciones personales pasa igual.
Al principio, solo compartes información de bajo riesgo.
Por ejemplo:
- Últimamente estoy leyendo este manga
- Ese restaurante estuvo muy bien
- Esta tarea es un poco enrevesada, ¿verdad?
- Últimamente ando algo cansado
- Tengo mis dudas sobre cómo llevar este trabajo
Con eso es suficiente.
Y ahí observas cómo reacciona la otra persona:
- Si se burla
- Si lo descalifica
- Si se pone en plan superior
- Si se lo cuenta a todo el mundo
- Si lo usa como punto débil
- Si lo recibe con normalidad
- Si guarda el secreto
- Si respeta tus límites
Eso es lo que hay que mirar.
No hace falta confiar una verdad pesada a quien ni siquiera sabe manejar con cuidado un dato ligero.
Cómo son las personas a las que no conviene abrirse
Las personas con las que no conviene abrirse mucho en el trabajo tienen ciertos rasgos.
- Chismean mucho
- Cuentan con frecuencia los secretos de otros
- Cuando les pides consejo, se ponen en plan superior
- Usan tus puntos débiles como material para evaluarte
- Empiezan siempre por decirte que no
- Tergiversan lo que dices
- Te imponen el "lo normal es..."
- Pisan tus límites
- No cumplen sus promesas
- Se toman a la ligera lo que les cuentas
- Cambian de actitud según con quién estén
- No tienen intención de escuchar
No tienes por qué forzarte a abrirte con gente así.
Puedes esforzarte por comunicarte con asertividad, es decir, diciendo lo que piensas con firmeza y respeto.
Pero la asertividad no es magia.
Si la otra persona no quiere escuchar, por muy bien que lo expliques hay un límite.
Cuando algo te sienta mal, no hace falta que lo vuelvas todo contra ti con pensamientos como
a lo mejor lo expliqué mal
a lo mejor no me esforcé lo suficiente
a lo mejor se me da mal comunicarme
Si la otra persona no te respeta, ese también es un problema suyo.
Cómo son las personas de confianza
En cambio, las personas con las que sí puedes ir abriéndote poco a poco también tienen sus rasgos.
- No empiezan por decirte que no
- No van a contárselo a todo el mundo
- Tampoco manejan a la ligera los secretos de los demás
- No usan tus puntos débiles en tu contra
- Respetan tus límites
- Después de hablar con ellas, es raro que te quedes con un peso encima
- Si estás en un apuro, te ayudan de forma concreta
- No cambian de golpe de actitud cuando los intereses chocan
- Su actitud es estable a largo plazo
- No solo hablas tú: ellas también se abren poco a poco
- Hay conversación de verdad, no pulsos de superioridad
Con personas así, puedes ir acercándote poco a poco.
No hace falta soltar de entrada una conversación profunda.
Fíjate en si la relación puede durar y ábrete de a poco.
Con eso basta.
"No ser muy amigos" y "tratar como enemigo" son cosas distintas
Esto es bastante importante.
Con las personas que no te caen bien o en las que no confías:
No hablar de cosas profundas
No darles tus puntos débiles
Limitarte a lo laboral
Reducir la charla
No esperar nada de ellas
Esto no es tratarlas como enemigas.
Es simplemente ajustar la distancia.
No hace falta pelearse.
No hace falta atacar.
Tampoco hace falta ignorar a nadie.
Como mínimo:
- Saludar
- Comunicarte sobre el trabajo
- Contestar lo necesario
- No atacar
- No ser grosero
Con eso es suficiente.
No tienes que ser buena persona con todo el mundo.
No tienes que hacerte amigo de todos.
Tampoco tienes que abrirte a fondo con todos.
Puedes elegir la distancia según la persona.
Lo importante en las relaciones laborales no es "cerrarse del todo", sino poner límites
Cuando las relaciones del trabajo te lastiman, dan ganas de cerrarte por completo.
Pero cerrarse del todo es seguro y, a la vez, hace más fácil que acabes aislado.
En cambio, abrirse del todo facilita la cercanía, pero conlleva el riesgo de darle demasiada información a gente peligrosa.
Por eso lo que hace falta no es cerrarse del todo ni abrirse del todo, sino poner límites.
Poner límites es decidir tú mismo
con quién
hasta dónde
qué contar
y a qué distancia relacionarte.
Eso no es ser frío.
Al contrario, es una habilidad para conectar con la gente sin dejar de protegerte.
"En el trabajo no hacen falta amigos" quizá en realidad significa "no te abras con gente peligrosa"
Detrás de la frase "en el trabajo no hacen falta amigos" suele haber heridas del pasado.
- Te traicionó alguien en quien confiabas
- Lo que contaste se difundió
- Usaron tu sinceridad como punto débil
- Se llevaban bien, pero los intereses lo rompieron todo
- Te agotó haber calculado mal la distancia
Con experiencias así, es natural pensar "ya no voy a abrirme con nadie en el trabajo".
Pero lo que de verdad habría que decir, ¿no sería
no te abras con gente peligrosa
en lugar de
en el trabajo no hacen falta amigos?
No hace falta abrirse con quien no es de fiar.
Pero tampoco hace falta rechazar a quien sí lo es.
Conclusión: los compañeros no son todos enemigos, pero tampoco todos aliados
Los compañeros de trabajo no son todos enemigos.
Pero tampoco son todos aliados.
Lo importante es saber separar una cosa de la otra.
- No te abras con quien va contando cosas
- No te abras con quien se pone en plan superior
- No te abras con quien empieza descalificándote
- No esperes nada de quien no cumple lo que promete
- Trata con normalidad a la gente normal
- Ábrete poco a poco con quien parezca de confianza
- Valora como posible amigo del alma a quien lleva mucho tiempo siendo una persona segura
Con eso basta.
No se trata de llevarte bien con todos.
Tampoco de no abrirte con nadie.
Elige la distancia según la persona.
La confianza no se da de golpe: se desbloquea por niveles.
Esa es la forma realista de protegerte en el trabajo sin dejar de conectar con la gente.


