Te sientas pensando: «Voy a echar una partida».
Unos minutos después estás preguntándole a una IA: «¿Se puede hacer que los ojos de este personaje sigan el cursor?». Ibas a jugar. Ahora estás diseñando el juego. Menudo cambio de profesión en cinco minutos.
Antes, lo mejor era ver el resultado terminado. Ahora puede ser mucho más divertido el camino: se te ocurre algo, investigas, lo pruebas, aparece en pantalla y sueltas un «¡Anda, funciona!». Inmediatamente surge otra pregunta: «¿Y si también hago esto?». No hay nadie repartiendo misiones, pero tú solo te has inventado unas cuantas.
Me da miedo el terror, pero quiero crearlo
Imagina a alguien que no soporta las películas de miedo, aunque tiene ganas de hacer un juego de terror. En lugar de empezar dibujando un monstruo, se plantea algo más curioso: ¿qué hace que una escena dé miedo?
Quizá el personaje de una foto empiece a devolverte la mirada. Quizá sus ojos sigan tu dedo. Quizá una cara al fondo se acerque un poco con cada pregunta. O quizá la foto aparentemente normal del principio vuelva más tarde, pero ya no sea la misma.
Lo interesante no es solo enseñar algo espantoso. Es darle la vuelta a la situación: creías que tú mirabas la imagen, hasta que descubres que la imagen te miraba a ti. Puede no gustarte pasar miedo y, aun así, disfrutar muchísimo pensando cómo construirlo.
Investigar también es parte de la partida
En un videojuego, las reglas y los objetivos suelen venir dados. Hay mundos muy abiertos, claro, pero las posibilidades siguen estando diseñadas por alguien.
Cuando creas, puedes cambiar de objetivo a mitad de camino. Un test de imágenes puede acabar siendo una historia de terror. Una web puede llevarte a investigar por qué resulta incómodo sentir que alguien nos observa. Esa desviación puede darte justo la idea que faltaba.
La IA permite poner a prueba un boceto antes, pero no significa que todo salga perfecto al primer intento. Hay que corregir errores y comprobar que la experiencia funciona. Incluso ese trabajo puede sentirse como superar el siguiente nivel.
Y hay una diferencia importante entre imaginar sin parar y construir de verdad. Terminar una pequeña prueba que funciona hace que la siguiente locura parezca posible.
Al jugar, buscas diversión dentro de un mundo creado por otros. Al crear, también eliges cuál será la siguiente diversión.
No hay final obligatorio ni personaje que te encargue misiones. Eso sí: al terminar la partida, queda algo real que has hecho tú.
Normal que la consola siga apagada.
