«Dibuja una casa y un árbol». La página parece un test de personalidad simpático, con colores suaves y botones redondos. Terminas el dibujo, añades a una persona y pulsas «Analizar». Aparece una barra: «Procesando… 35 %».
Pero hay un punto negro en una ventana. No lo has dibujado. Unos segundos después tiene ojos. La cara empieza a acercarse sin que pulses nada. Habías venido a descubrir cómo eres, no a invocar a un inquilino sobrenatural.
Lo primero es que parezca un test normal
El usuario elige colores, dibuja y contempla la miniatura de su obra. El mensaje dice «Analizando los trazos».
Una mancha en la ventana podría ser un error del pincel. Al volver a mirarla, parece un rostro. La frase cambia a «Comprobando el número de personas». Solo has dibujado una, pero la web cuenta dos. Aún no conoce tu personalidad y ya ha encontrado un invitado sin permiso.
La cara se mueve aunque tú no hagas nada
Si el susto dependiera de hacer clic, al menos podrías elegir. Aquí sucede lo contrario: la barra avanza sola y con ella avanza esa cosa.
Al 60 %, la cara mira al frente. Al 80 %, casi desborda la miniatura. «Analizando» se convierte en «Conectando». La pregunta más incómoda es cuándo volverá a moverse.
En experimentos sobre la anticipación ansiosa, la incertidumbre acerca de cuándo llega una amenaza puede aumentar las respuestas defensivas.[1] Esto inspira el diseño; no demuestra que esta web ficticia produzca ese efecto exacto.
La curiosidad invita a quedarse
El visitante quería el resultado del test, nada más. Una teoría conocida describe la curiosidad como la necesidad de cubrir la distancia entre lo que sabemos y lo que queremos saber.[2] La barra de progreso promete cerrar esa distancia.
Sin embargo, el rostro abre otra duda: ¿quién es? ¿Por qué aparece en mi propio dibujo? No es una fotografía de miedo cualquiera; es una obra que acabas de crear y que ahora parece actuar por su cuenta. Esa sensación de invasión personal es una apuesta narrativa, no un resultado científico comprobado.
Mucho miedo puede acabar con la diversión
Un estudio realizado con 110 visitantes de una casa del terror halló que el disfrute tendía a ser mayor con niveles intermedios de miedo.[3] Por eso conviene mostrar primero el punto, después los ojos, luego la mirada y por último la aproximación.
En la ficción, el fenómeno puede parecer imparable; en la práctica, el sitio debe poder cerrarse, pausar la animación y evitar destellos intensos o sonidos fuertes inesperados.
Al alcanzar el 100 %, el resultado dice: «No analizábamos tu personalidad. Comprobábamos si algo podía salir de tu dibujo».
Tú no aceptaste ese examen. Parece que el fantasma lo ha aprobado.
- If or when? Uncertainty’s role in anxious anticipation (2018) pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Loewenstein (1994), The Psychology of Curiosity: A Review and Reinterpretation doi.org
- Andersen et al. (2020), Playing With Fear: A Field Study in Recreational Horror pmc.ncbi.nlm.nih.gov
