Encuentras un alquiler que admite mascotas y piensas: “Por fin puedo vivir con gatos”.
Entonces llega la profecía de la inmobiliaria:
“Si dañan mucho la vivienda, la restauración al salir puede rondar los 400.000 yenes.”
Gato: “La pared es un lienzo.”
Propietario: “No.”
¿Es una exageración? ¿Los gatos cuestan más que los perros? ¿Dos gatos duplican automáticamente la factura? ¿Cuál es la media o la mediana para cada especie?
En las fuentes públicas japonesas y los principales estudios de 2026 revisados aquí, no aparece una media o mediana nacional representativa separada entre perros y gatos. Sin embargo, entre los casos en los que sí hubo problemas de salida causados por mascotas, el tramo de 300.000 a 500.000 yenes fue muy real.
0. Cuidado con las “medias” de internet
Es fácil encontrar cifras del tipo “perro: X yenes, gato: Y yenes”. El problema es que muchas no explican tamaño de la muestra, superficie de la vivienda, años de ocupación, número de animales, depósito o gravedad del daño.
Por eso es más útil preguntar qué materiales se dañaron, cuánto y hasta qué profundidad.
La factura de salida no es una báscula: no pones al gato encima y aparece “85.000 yenes”.
1. 400.000 yenes son posibles, pero dentro de una muestra con problemas
En agosto de 2026, Blue Clean encuestó a 849 personas que habían poseído o gestionado viviendas de alquiler en los cinco años anteriores. El 23,67% había sufrido problemas de restauración o limpieza relacionados con mascotas al finalizar un contrato.[1]
En una encuesta adicional a 100 personas que sí habían vivido esos problemas:
- 300.000–500.000 yenes: 34%, el grupo mayor
- 500.000–1.000.000: 11%
- 1.000.000 o más: 7%
- 52% en total pagó 300.000 o más
- menos de 100.000: 11%[1]
Por intervalos, la mediana de estos 100 casos problemáticos cae en 300.000–500.000 yenes.
No es la mediana de todos los inquilinos con mascotas.
La lectura correcta es: 400.000 yenes no son el precio estándar, pero sí una cifra plausible cuando ya existe un problema importante.
2. Por qué sube tanto: un animal puede activar varias reparaciones
En el mismo estudio, el problema más común fue el daño o deterioro del suelo, 42%. La reparación más frecuente fue cambiar papel pintado, 52%, y un 26% necesitó limpieza especializada.[1]
La factura crece cuando se encadenan trabajos:
arañazos en pared → daños en puertas o molduras → orina que penetra el suelo → olor persistente → desodorización → cambio de suelo o base.
Gato: “Fue un accidente pequeño.”
Suelo: “Lo recibí.”
Base: “Yo también.”
Cartera: “¿Y a mí quién me preguntó?”
3. ¿Gato o perro? Mejor mirar el patrón de daño
No existe una tabla nacional sólida para declarar un ganador.
En gatos, los puntos típicos son arañazos en paredes, pilares y puertas, además de marcaje u orina que puede penetrar el suelo.
En perros pueden aparecer arañazos de suelo, daños en puertas y paredes, olor y accidentes; en algunos edificios, los ladridos añaden un problema vecinal separado.
La lista útil es:
paredes / suelo / carpintería / olor / orina / limpieza especial.
4. “Se admiten mascotas” no equivale a “reparación gratis”
La guía del Ministerio japonés de Territorio, Infraestructura, Transporte y Turismo indica que los arañazos y olores causados por mascotas suelen considerarse responsabilidad del inquilino, porque no son simple desgaste ordinario.[2]
En 2026, Tokio también publicó un caso de un perro pequeño mantenido durante cinco años en una vivienda que admitía mascotas: al salir se reclamaron 240.000 yenes, y el contrato incluía una cláusula sobre daños causados por animales.[3]
5. Pero una factura tampoco es automáticamente definitiva
La Q&A del ministerio señala que, incluso cuando el inquilino daña el revestimiento de una pared, deben considerarse la antigüedad del material y la unidad mínima razonable de reparación.[4]
Tokio aconseja pedir explicaciones sobre cargos altos y valorar la parte dañada y los años transcurridos.[3]
Por tanto, la responsabilidad real depende de:
contrato + daño real + antigüedad + alcance de la obra.
6. Dos gatos no significan “coste × 2”
Dos gatos que arañan la misma pared pueden terminar generando la misma sustitución de una sola pared.
Un solo gato que marque varias habitaciones puede salir mucho más caro.
El número de animales aumenta oportunidades de accidente, pero el coste final depende sobre todo del área y materiales afectados.
7. Cinco cosas que revisar antes de firmar
- depósito adicional por mascota,
- si ese depósito se devuelve o se retiene,
- si limpieza y desodorización son tarifa fija o coste real,
- alcance exacto de la cláusula de daños,
- cargos y límites al añadir un segundo animal.
En una encuesta de ielove GROUP de 2026, el 58,0% de las inmobiliarias señaló los costes de restauración como un problema en viviendas que admiten mascotas.[5]
8. Conclusión: no temas la cifra; corta el camino que lleva a ella
- No se confirmó una media/mediana nacional fiable separada por perro y gato.
- Entre los casos problemáticos, 300.000–500.000 yenes fue el tramo más común.
- El 52% de esos casos superó 300.000 yenes.
- 400.000 no es la factura estándar de todo hogar con mascotas.
- Pero es plausible cuando se acumulan suelo, paredes, olor y limpieza especializada.
- “Mascotas permitidas” no elimina la responsabilidad por daños.
En una frase:
El gato no cuesta 400.000 yenes por existir.
La vivienda puede llegar a ese nivel cuando se convierte en un proyecto de reparación de varios oficios.
- Blue Clean, 2026-08 b-clean.jp
- MLIT mlit.go.jp
- Tokio, 2026-03-18 shouhiseikatu.metro.tokyo.lg.jp
- MLIT Q&A mlit.go.jp
- ielove GROUP, 2026-02-27 ielove-group.jp


