Mi plan al salir del primer día en el nuevo empleo era muy sencillo: llegar a casa, jugar un rato y ver alguna serie de animación. Pero acabé investigando las preguntas que me habían surgido durante el día. ¿Cómo encaja todo? ¿Por qué funciona así? ¿Y si hubiera una forma mejor?
Cada respuesta abría otra pregunta. Cuando miré la hora, se había hecho tarde. Primer día y ya estaba haciendo horas extra imaginarias, sin que nadie me las hubiera pedido. Lo increíble es que me estaba divirtiendo.
Antes, ser bueno en el trabajo me parecía una trampa
En mi empleo anterior quería desconectar en cuanto terminaba la jornada. Cuantas más cosas sabía hacer, más probable me parecía que acabaran encargándome todavía más tareas. Aprender podía significar perder tiempo propio.
Con ese panorama, mantener cierta distancia parecía razonable. Pensaba que no me gustaba trabajar. Ahora sospecho que lo que rechazaba era un sistema en el que destacar podía convertirse en una condena a estar siempre disponible.
El nuevo empleo parecía un mapa lleno de secretos
En mi primer día, las explicaciones me despertaron curiosidad por el conjunto, no solo por una tarea aislada. Entender cómo se conecta una parte con otra me llevó enseguida a imaginar mejoras.
Investigar a partir de mis propias preguntas era mucho más entretenido que leer documentos en orden. La inteligencia artificial resultó útil para explorar conceptos generales, aunque los detalles concretos de la empresa necesitan confirmación con quienes los conocen.
De pronto, pasé de «¿por qué se hace así?» a «¿y si probáramos otra cosa?». Oficialmente, recién llegado; mentalmente, ya había convocado al consejo de administración. Las decisiones reales, por supuesto, requieren coordinación y autorización.
Ya disfrutaba de esta dinámica fuera del trabajo
Durante meses había dedicado mucho tiempo a un proyecto creativo personal. Pensaba cómo hacerlo funcionar, probaba cambios y volvía a empezar. No había un jefe detrás ni un salario por hora.
El premio era el propio proceso: detectar una incógnita, investigar, probar una idea y descubrir otra incógnita. Cambiar de empleo no me convirtió en otra persona. Encontré un mapa nuevo para un juego que ya me gustaba.
Qué aporta la investigación
La teoría de la autodeterminación relaciona la motivación propia con la autonomía, la sensación de competencia y los vínculos sociales [1]. La teoría de la brecha de información describe cómo advertir algo que aún no sabemos puede activar la curiosidad [2]. También hay experimentos que conectan estados de curiosidad con el aprendizaje y la memoria [4].
Por otra parte, los estudios sobre exigencias y recursos laborales señalan que la carga de trabajo, el margen de decisión y el apoyo importan para la implicación y el agotamiento [3]. Un primer día emocionante no garantiza haber encontrado el empleo perfecto: queda por ver cómo se reparten las responsabilidades cuando aumente la carga.
Divertirse tampoco elimina la fatiga
Estar absorto puede hacer que notes menos el cansancio, pero no sustituye al descanso. Lo valioso es poder elegir cuándo investigar y cuándo parar.
Pensaba que iba a llegar a casa para buscar entretenimiento. Resultó que el entretenimiento era resolver preguntas sobre mi trabajo. Primer día en el nuevo empleo y ya tengo un hobby nuevo. Se llama «trabajo».
Referencias (1)
[1] Ryan y Deci (2000): https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11392867/ [2] Loewenstein (1994): https://doi.org/10.1037/0033-2909.116.1.75 [3] Bakker y Demerouti (2017): https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/27732008/ [4] Gruber y colaboradores (2014): https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4252494/



