En un arrecife de Australia Occidental, las cámaras submarinas con 200 g y 2 kg de cebo registraron cifras parecidas de peces observados y de especies. Poner cebo atrajo más peces y especies que dejar la cámara sin él. Por eso la pregunta interesante no es cuánto cabe en la bolsa, sino cuánto hace falta para que los peces se acerquen. El estudio filmó visitantes submarinos; la picada viene después.
De dónde sale lo de los 200 gramos
Los investigadores colocaron cámaras submarinas en un arrecife templado y probaron cuatro cantidades de sardina triturada: 0, 200, 1.000 y 2.000 gramos. Se trataba de cebo para observar peces con cámaras, una situación distinta de esparcir engodo mientras se pesca. Con cebo observaron más peces y más especies que sin él; los animales también se acercaban más a las cámaras. En cambio, hubo pocas diferencias entre las tres cantidades que sí llevaban cebo. Pero una especie de morena apareció significativamente más con 2 kg que con 200 g. Que el promedio se parezca no significa que todas las especies respondan igual. Entre las tres cantidades con cebo, lo que cambió poco fue el número relativo de peces y de especies; no todos los detalles de los ejemplares filmados.
En esa zona aparecieron pocos depredadores de niveles altos de la cadena alimentaria. Los autores señalan que, donde los peces se comen el cebo con rapidez, una cantidad mayor podría ayudar. Los 200 gramos funcionaron para aquel método de observación. En una jornada con caña, el comportamiento de los peces dará la pista siguiente.
El peso es solo una parte. Otro estudio de cámaras submarinas, publicado en 2013, comparó sardinas, vísceras de abulón y erizos de mar triturados en tres arrecifes del sudeste de Australia. El cebo de erizo dio resultados especialmente pobres. No se detectó una diferencia clara entre las sardinas y las vísceras de abulón, aunque las sardinas dieron resultados más constantes. El tipo de cebo influyó más en cuántas especies aparecían que en la cantidad relativa de peces. El arrecife también importó. Antes de comprar diez veces más, conviene pensar qué cebo se ofrece y dónde.
Oler la comida no es morder el anzuelo
Los peces pueden localizar comida gracias a sustancias que viajan con el agua. En ensayos de palangre, la caballa remojada previamente perdió sustancias atrayentes y pescó menos que el cebo fresco. El olor consigue público; el anzuelo todavía tiene que lograr que uno se interese por el menú.
Si no hay peces cerca, quizá el problema no sea un anzuelo mal presentado. Pero montar un banquete sin anzuelos tampoco garantiza capturas. El engodo puede atraer público; la picada sigue siendo otra negociación.
Qué conviene observar antes de vaciar la bolsa
Observa la especie que buscas, por dónde lleva el olor la corriente y cuánto tarda en desaparecer el engodo. Respeta las normas del lugar. Empieza con una cantidad fácil de evaluar y cambia un factor cada vez: así sabrás qué estás pagando.
En este estudio, añadir 1,8 kg más de cebo apenas cambió los principales resultados de las cámaras. Salir en el vídeo es una cosa; picar el anzuelo, otra. Antes de vaciar otra bolsa, conviene averiguar en qué parte falla la pesca.
- Hardinge y cols. (2013): https://doi.org/10.1016/j.jembe.2013.09.018
- Wraith y cols. (2013), tipos de cebo y arrecifes: https://doi.org/10.3354/meps10137
- Whitmarsh y cols. (2017), revisión de los métodos de vídeo submarino con cebo: https://doi.org/10.1007/s11160-016-9450-1
- Løkkeborg y Johannessen (1992): https://doi.org/10.1016/0165-7836(92)90070-A
- Løkkeborg y cols. (2014): https://doi.org/10.1007/s11160-014-9360-z
- Agencia de Pesca de Japón: normas de pesca recreativa y cebado: https://www.jfa.maff.go.jp/j/yugyo/y_kisei/kisoku/todo_huken/index.html


