Cerca de un festival, un comercial de vivienda pidió a un transeúnte que rellenara una encuesta.
Entonces llegó la frase que cambió por completo la escena:
«Puede poner un nombre falso o dejarlo anónimo; lo importante es que la rellene».
Un momento.
Si ni siquiera importa que el nombre sea verdadero, ¿para qué sirve exactamente ese papel?
Una encuesta anónima puede seguir siendo útil para estudiar necesidades, así que esa frase no demuestra que los datos no valgan nada. Pero sí hace mucho más visible otra función:
quizá lo valioso sea acercarse a un desconocido, conseguir que se detenga y empezar una conversación.
En ese momento el formulario empieza a parecer menos un instrumento de investigación y más una pesa para entrenar vendedores.
Y el peatón tiene derecho a formular su propia pregunta:
si me van a utilizar para formar socialmente a un novato, ¿dónde está mi tarjeta QUO?
Si el mercado ayuda a educar a sus empleados, parte del presupuesto de formación podría volver al mercado.
1. «Un nombre falso sirve» deja ver la segunda función de la encuesta
Si un formulario tiene un campo de nombre y el comercial dice que vale cualquiera, el encuestado se pregunta por qué existe ese campo.
Si la identidad no hace falta, sería más sencillo quitarlo.
Si lo importante pasa a ser «rellene una hoja como sea», el papel probablemente desempeña una función adicional a la recogida de datos.
Obliga al novato a practicar:
- acercarse a un desconocido;
- conseguir unos segundos de atención;
- soportar que lo ignoren o rechacen;
- mantener viva la conversación;
- pasar al tema de la vivienda;
- y crear un siguiente paso si aparece interés.
La encuesta se convierte así en una entrada para iniciar una conversación.
Y si el número de formularios cuenta como rendimiento, aparece una grieta cómica:
si solo importan las hojas rellenas, ¿por qué no sentarse en Starbucks y fabricar treinta encuestados ficticios?
Naturalmente la empresa no lo aceptaría.
Porque no quiere treinta papeles. Quiere treinta aproximaciones, treinta reacciones y treinta oportunidades de aprender a manejar rechazo y conversación.
En cuanto auto-rellenar las hojas deja de servir, el objetivo se delata:
el activo real es la experiencia interpersonal del novato.
2. Rellenar el papel uno mismo no entrena nada, por eso hacen falta peatones reales
Una de las partes más difíciles de la venta en frío no es conocer el producto, sino iniciar contacto con alguien que nunca pidió hablar contigo.
En clase se pueden aprender hipotecas y características de viviendas. Con simulaciones se pueden practicar guiones.
La calle aporta lo que no aparece en el guion.
Personas que ignoran. Personas con prisa. Personas que preguntan de vuelta. Personas que saben más que el vendedor. Gente que responde la encuesta pero rechaza la venta. Y, de vez en cuando, un peatón que incluso sugiere dónde debería buscar mejores clientes.
Desde el punto de vista de la empresa, esa imprevisibilidad es precisamente el valor de la práctica real.
Desde el punto de vista del peatón aparece una asimetría:
el aprendiz gana experiencia como parte de su trabajo; el desconocido gasta su tiempo convirtiéndose en materia prima para esa experiencia.
Por eso «hagan la formación de sus empleados dentro de la empresa» no es una reacción extraña.
3. «Entonces sal a ligar con desconocidos» funciona como chiste, no como política de formación
Si reducimos la habilidad a acercarse a desconocidos, aceptar el rechazo y leer reacciones con rapidez, sale una broma obvia:
«Si tanto necesitas practicar cómo abordar gente, sal a ligar por tu cuenta».
Como plan empresarial sería pésimo. El acercamiento romántico y la venta de vivienda tienen objetivos y límites distintos, y ordenar a empleados que molesten a personas ajenas solo crearía otro problema de conducta y cumplimiento.
Pero el chiste señala una pregunta correcta:
¿por qué el coste de superar el miedo a abordar desconocidos debe recaer sobre una tercera persona que pasaba por allí?
La cuestión no es si esa habilidad comercial resulta útil. La cuestión es si la persona que hace de compañero de práctica aceptó ese papel y si todo el valor fluye hacia un solo lado.
4. Hay empresas que describen abiertamente las encuestas callejeras como formación comercial
Esta estructura no es solo una hipótesis.
Open House Group describe en su web de contratación una formación para futuros empleados denominada formación de ventas de origen, es decir, actividad que crea el punto de partida de la captación.[1]
Según la empresa, consiste en repartir folletos y hacer encuestas en la calle dentro del área de cada tienda, para después invitar a visitar el establecimiento a las personas interesadas. Los futuros empleados realizan esta actividad antes de incorporarse para desarrollar comunicación, diálogo y capacidad de propuesta.[1]
La participación es voluntaria, pero se paga por horas; si la actividad termina en contrato puede haber incentivos, y existe un sistema de reconocimiento.[1]
En otra entrevista oficial, un empleado cuenta que durante esa formación obtenía entre 20 y 30 cuestionarios mientras otros participantes conseguían poco más de diez, presentándolo como ejemplo de su obsesión por aumentar el número de oportunidades.[2]
Por tanto, al menos en este caso documentado, la encuesta callejera no es solo investigación de mercado.
Es actividad comercial y campo de entrenamiento al mismo tiempo.
La experiencia anónima del festival no se atribuye a Open House Group; ambas cosas se mantienen separadas.
5. El aprendiz cobra. ¿Cuál es la tarifa por hora del peatón?
Aquí empieza la contabilidad divertida.
La empresa tiene responsables de formación.
El aprendiz puede cobrar por hora.
El rendimiento puede generar incentivos.
Pero el compañero de práctica aparece gratis en la acera.
¿Qué aporta ese desconocido?
- tiempo para detenerse;
- atención para escuchar;
- esfuerzo para responder;
- esfuerzo mental cuando la charla cambia a venta;
- esfuerzo para decir que no;
- y un colchón social donde el principiante puede ser torpe y aprender.
No hace falta vocabulario económico complicado para ver la estructura:
parte del coste de formación se dispersa entre personas que están fuera de la empresa.
Unos minutos por individuo parecen poco. Reunidos de miles de peatones, esos minutos gratuitos se convierten en un recurso formativo.
Así que el peatón también puede inventarse una tarifa:
Encuesta: tarjeta QUO de 500 yenes.
Encuesta más consultoría comercial espontánea: 1.000 yenes.
No significa que la ley japonesa obligue a pagar estas cantidades. La Japan Marketing Research Association explica que algunas investigaciones ofrecen dinero o artículos como agradecimiento, mientras que otras encuestas sencillas no llevan recompensa.[3]
Es simplemente la contraoferta del peatón: si además de respuestas se obtiene valor de formación, devuélvase un poco de valor.
6. No conviertas al peatón del festival en consultor comercial gratuito
En el ejemplo del festival, alrededor había muchas familias.
De ahí salió una sugerencia bastante lógica:
«Si vendes casas y dentro del festival hay familias por todas partes, ¿no sería mejor abordar allí?»
La respuesta fue, en esencia, que en la zona muy concurrida resultaba más difícil o incómodo hacerlo.
Ahí se rompieron los papeles.
Primero era un peatón.
Después, un encuestado.
Luego, un compañero de práctica para el novato.
Finalmente estaba aportando estrategia sobre dónde vender.
Peatón → encuestado → material de formación → consultor comercial gratuito.
Ascenso rapidísimo para un puesto cuyo salario sigue siendo cero.
Como mínimo, la salida debería incluir una tarjeta regalo y una nota: «Gracias por participar en la reunión estratégica de ventas de hoy».
7. Si me regalan una casa, puedo entrenar a mil novatos
Esto tampoco es una objeción filosófica a que un desconocido hable alguna vez contigo.
El precio cambia la respuesta.
Si una empresa dijera «atienda a 1.000 aprendices y le regalamos una casa», la actitud podría cambiar al instante:
Perfecto. Tráiganlos a todos hoy.
9:00.
Aprendiz A: «¿Podría hacerle una encuesta sobre vivienda…?»
Encuestado: «Sí. Siguiente».
12:00.
Aprendiz número 238: «¿Cuál es su situación de vivienda actual…?»
Encuestado: «En esta ronda: alquiler y pensando en casa unifamiliar. Siguiente».
20:00.
Formador: «Lo dejamos por hoy».
Encuestado: «Quedan 642. Estoy ganándome una casa. Continúen».
Ya se ha convertido en un NPC dedicado al entrenamiento comercial.
El chiste revela algo útil: parte de la molestia no procede del contacto en sí, sino de la suposición de que la empresa debe recibir un valor claro mientras el tiempo del desconocido es un recurso naturalmente gratuito.
No hace falta regalar casas.
Por eso el chiste acaba volviendo a la tarjeta QUO.
8. ¿Por qué se siente más como captación callejera que como una encuesta normal?
Quien se detiene porque oye «una encuesta» suele consentir en contestar preguntas.
Si después la interacción empieza a tratarlo como posible comprador, las condiciones cambian cuando la persona ya se ha detenido.
La Japan Marketing Research Association explica a los consumidores que sus empresas miembro no disfrazan ventas o captación como investigación, y su marco ético exige distinguir la investigación de las actividades promocionales.[3][4]
En el ámbito inmobiliario, el Ministerio japonés de Tierra, Infraestructuras, Transporte y Turismo enumera entre las conductas prohibidas realizar una captación contractual sin indicar previamente el nombre de la empresa inmobiliaria, el nombre del vendedor y el propósito de captar, así como continuar después de que la otra persona indique que no desea contratar o recibir más captación.[5]
Eso no convierte automáticamente toda encuesta callejera en ilegal. La valoración jurídica depende de lo ocurrido en concreto: qué se explicó, cuándo se pasó a una captación contractual, cómo se rechazó y qué ocurrió después.
El problema de confianza es más sencillo.
Si desde el principio se dice que forma parte de una venta inmobiliaria, el peatón puede decidir si quiere detenerse.
Si cree que son «solo un minuto de encuesta» y después aparece una segunda fase comercial, no molesta únicamente el tiempo extra; puede quedar la sensación de que su buena voluntad fue el anzuelo.
9. Se puede formar sin convertir al público en NPC gratuito
No es necesario eliminar toda práctica real.
Se puede diseñar mejor.
- Decir el propósito al principio. Explicar que la encuesta está vinculada a venta de vivienda y formación.
- Fijar de verdad el tiempo. Terminar a los dos minutos salvo que la persona pida más información.
- Aceptar un solo no. Saber cerrar una conversación con limpieza también es formación comercial.
- Usar participantes remunerados. Combinar la calle con simulaciones, clientes ficticios y panelistas que hayan aceptado practicar.
- Devolver algo cuando se extrae mucho valor. Si se obtienen datos, práctica conversacional y oportunidades comerciales, considerar una bebida, cupón o pequeña tarjeta regalo.
Así el peatón no descubre a mitad de conversación que se convirtió en material de formación.
Pasa a ser un colaborador que vio las condiciones y eligió participar.
Los mismos dos minutos se sienten muy distintos.
10. Conclusión: si el mercado educa a tus empleados, paga algo de matrícula al mercado
Las encuestas callejeras se vuelven especialmente interesantes cuando una sola hoja deja ver un sistema entero de formación detrás.
La frase «un nombre falso sirve, rellénala» provoca una pregunta natural:
si la identidad real no es lo importante, ¿la empresa necesita el papel o la experiencia del novato hablando con una persona real?
Open House Group ofrece un caso documentado en el que las encuestas callejeras forman parte explícita tanto de la captación como de la formación comercial previa a la incorporación.[1]
Desde la empresa tiene lógica. Los nuevos vendedores encuentran reacciones que un aula no puede reproducir, y la organización desarrolla capacidad comercial futura.
Pero toda práctica real necesita una contraparte.
Esa contraparte suele ser alguien que simplemente caminaba por allí.
Así que el peatón puede quedarse con la última frase:
Si el mercado está educando a tus empleados, devuelve al mercado parte del presupuesto de educación.
Por lo menos una tarjeta QUO.
El doble si además te arreglo la estrategia comercial.
Y si la oferta incluye una casa, entonces hablamos de otra negociación.
Trae a los mil aprendices. El NPC de formación acaba de fichar.
- Open House Group / OPENIA, 「『人づくり』が日本一を目指す源泉。成長を支えるオープンハウスグループの内定者研修とは?」 recruit.openhouse-group.com
- Open House Group / OPENIA, 「自己実現から組織貢献へ。歴代最高記録で新人賞を受賞した若手マネージャーの転換点とは?」 recruit.openhouse-group.com
- 一般社団法人日本マーケティング・リサーチ協会, 「調査・アンケートの依頼をうけた際の疑問」 jmra-net.or.jp
- 一般社団法人日本マーケティング・リサーチ協会, 「マーケティング・リサーチ綱領」 jmra-net.or.jp
- 国土交通省, 「投資用マンションについての悪質な勧誘電話等にご注意ください」 mlit.go.jp
