Los artículos en japonés empezaron a recibir visitas. Algunos en coreano también. En otras lenguas, el resultado era mucho más discreto. Incluso había páginas en inglés visibles en las búsquedas que recibían pocos clics.
Era fácil culpar a la traducción. Pero quizá el problema venía de antes: el texto estaba bien escrito, solo que respondía a otra pregunta.
Pides una pizza y te explican la historia del trigo
El camarero habla con una precisión maravillosa sobre el trigo. Su explicación es impecable.
Fantástico. ¿Dónde está la pizza?
Una búsqueda puede terminar igual. El lector pregunta «¿Estos dos personajes son la misma persona?», pero el título promete explicar «¿Dónde se encuentra este personaje?». Comparten tema, no intención.
El autor quizá disfruta de una teoría compleja. Quien busca solo quiere entender una escena. La teoría no cambia de propósito por traducirse a doce idiomas.
También se puede fabricar el error en serie
Se escribe un texto en una lengua y después se adapta el mismo enfoque a otras once. Es rápido, pero las personas que buscan en diferentes idiomas no necesariamente se hacen la misma pregunta.
Si el enfoque original no encaja, una traducción perfecta copia perfectamente el desajuste. Cambiar solo el título tampoco basta cuando el inicio y el cuerpo siguen hablando de otra cosa. Es como cambiar el cartel de la pizzería sin avisar a la cocina.
Se automatiza la producción de artículos y, sin querer, también la lista de correcciones futuras.
No todos los artículos poco leídos tienen el mismo problema
Una página que apenas aparece en los resultados puede necesitar tiempo o una revisión técnica. Una que aparece mucho y recibe pocos clics obliga a mirar las consultas, el título y los resultados rivales. Y alguien que lee una página y se marcha quizá ya encontró su respuesta.
El éxito de un par de artículos coreanos no demuestra que funcionen todos. Tampoco una página inglesa débil representa a todos los lectores en inglés.
La pregunta va antes de la traducción
Para cada idioma, primero hay que saber: «¿Qué quiere averiguar exactamente esta persona?»
El título presenta esa duda, el comienzo la reconoce y el artículo la resuelve. Si el material no sirve para contestarla, no se debe prometer lo contrario.
Google explica que los títulos ayudan a mostrar la relación entre una página y una búsqueda. No garantiza más clics, pero recuerda cuál es la tarea.
Hablar doce idiomas es estupendo. Escuchar qué ha pedido el cliente es aún más útil.
Si ya escribes en 12 idiomas, la solución no es añadir una máquina de traducción número 13, sino escuchar la pregunta del lector.
