Imagina pasar años en un laboratorio universitario donde los experimentos se alargan, pierdes el último tren y a veces ni recuerdas qué día es. Consigues tu primer empleo y descubres un lujo inesperado: sales a las siete de la tarde. ¡Y encima cobras!
Un compañero comenta que acabar tan tarde todos los días lo tiene agotado. Tú piensas: «¿En serio? ¿Eso te parece duro?».
Como meme funciona de maravilla. Como criterio para organizar el trabajo, bastante menos.
Haber aguantado no demuestra que aquello fuera razonable
Resistir una etapa de investigación exigente puede requerir una fortaleza enorme. Es lógico que, después, otro horario parezca un descanso.
Pero hay una diferencia entre valorar esa resistencia y defender las condiciones que la hicieron necesaria. No todos los laboratorios funcionan igual, y una mala experiencia no se convierte en un buen método solo porque alguien logró superarla.
La capacidad de una persona y las exigencias razonables para un equipo son dos preguntas distintas.
Una maratón no convierte a toda la oficina en corredores
Completar una maratón de 42,195 kilómetros es impresionante. Aplausos, medalla, foto en la meta: merecidísimo.
Ahora imagina que el corredor aparece el lunes repartiendo dorsales a sus compañeros. «Si yo puedo correr 42 kilómetros, vosotros también. El que no pueda es un flojo».
Felicidades por la medalla, pero nadie pidió transformar la reunión de las nueve en la salida de una carrera.
La excelencia individual merece reconocimiento. No tiene por qué convertirse en la obligación mínima de todo el mundo.
Una empresa sostenida por un héroe puede ser muy frágil
Quien repara servicios esenciales durante una emergencia merece respeto. Pero si una empresa necesita ese heroísmo todas las semanas, quizá le falten turnos, personal y descansos, no motivación.
«La persona anterior nunca se quejaba» no resuelve quién hará el trabajo cuando esa persona esté de vacaciones.
Además, el esfuerzo tiene límites físicos. Un análisis conjunto de la OMS y la OIT relacionó las semanas laborales de 55 horas o más con mayores riesgos de ictus y cardiopatía isquémica que las de 35 a 40 horas. No significa que salir a las siete sea siempre peligroso; significa que resistir algo no demuestra que sea inocuo ni adecuado.
Puedes admirar a quien se exige muchísimo y respetar a quien prefiere otro ritmo. No hay contradicción.
La medalla es para quien terminó la maratón. Los dorsales no son material obligatorio de oficina.
