¿Por qué la salud mental se rompe tanto entre los 15 y los 19 años? Exámenes, futuro, títulos, redes sociales y la IA como cerebro externo

Cuando ves la cifra de "unos 1.170 millones de personas con algún trastorno mental en el mundo en 2023", lo primero que piensas es que son demasiadas.

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Resumen

Cuando ves la cifra de "unos 1.170 millones de personas con algún trastorno mental en el mundo en 2023", lo primero que piensas es que son demasiadas.

Pero eso no significa que haya 1.170 millones de personas gravemente enfermas e ingresadas. Es una estimación amplia de trastornos mentales y dificultades de salud mental, que incluye depresión, trastornos de ansiedad, TDAH, trastorno del espectro autista, trastornos de la conducta alimentaria, esquizofrenia y más.

Aun así, hablar de cerca del 14 % de la población mundial, es decir, más o menos 1 de cada 7 personas, es una cifra enorme.

Y lo más sorprendente es que la carga de salud que dejan los trastornos mentales pesa especialmente entre los 15 y los 19 años.

Pero si lo piensas un poco, no es tan raro.

A los 15-19 años todavía no puedes elegir tu entorno. No conoces bien qué trabajos existen en la sociedad. Aún no has podido comprobar para qué sirves. Y aun así te cae todo encima de golpe: el colegio, la nota de "hensachi" (el puntaje que dice dónde te colocas frente al resto de estudiantes), los exámenes de ingreso, el camino a seguir, la familia, los amigos, la comparación en redes sociales y la angustia por el futuro.

Además, en Japón, si te sales un poco del camino habitual, es fácil que te toque dar explicaciones.

Ir a un instituto "tsūshin-sei" (de educación a distancia, con muy poca asistencia presencial). Abandonar el instituto. Suspender un examen de ingreso. Pasar un año de "rōnin", repitiendo el intento tras no entrar. No ir a la universidad. Tener un vacío antes del primer empleo.

Solo con eso, quien lo vive tiende a sentir que "todo se acabó".

En realidad no se ha acabado nada.

Pero a un chico o chica de esa edad se le escapa el mapa de las salidas. Por eso fallar en un examen o en la elección de camino no se siente como "no entré en ese colegio", sino como "mi valor ha bajado".

En este artículo repasamos por qué la salud mental se rompe con tanta facilidad entre los 15 y los 19 años, y por qué hoy usar una IA como ChatGPT a modo de "cerebro externo" puede ser una forma de protegerse.


1. Los "1.170 millones" no son un acumulado, sino una estimación para 2023

Un artículo del Mainichi Shimbun (uno de los grandes periódicos de Japón) informó de que en 2023 las personas con trastornos mentales en el mundo llegaron a unos 1.170 millones.

No es un recuento acumulado "desde 1990 hasta 2023".

En la investigación en la que se basa, de la serie GBD 2023 (Global Burden of Disease, el estudio de la carga global de enfermedad), significa que en 2023 se estimaban en el mundo 1.17 billion, es decir, unos 1.170 millones de casos de personas que conviven con estos trastornos.

Eso sí, hay que tener cuidado.

No quiere decir que haya 1.170 millones de personas con casos graves en tratamiento psiquiátrico. El alcance es amplio. Incluye depresión, trastornos de ansiedad, distimia (una depresión leve pero prolongada), trastorno bipolar, esquizofrenia, TDAH, trastorno del espectro autista, trastornos de la conducta alimentaria, discapacidad intelectual y otros.

Dicho a grandes rasgos: muchísima gente en todo el mundo tiene dificultades con el ánimo, la ansiedad, el desarrollo, la conducta, la alimentación, el pensamiento o el funcionamiento diario.

Además, la prevalencia ajustada por edad (corregida para que la distinta composición por edades no distorsione la comparación) habría subido un 24,2 % entre 1990 y 2023.

Eso no significa que el porcentaje subiera 24 puntos. Significa que los casos por cada 100.000 habitantes aumentaron en términos relativos un 24 % aproximadamente. En números, se parece más a pasar de algo así como un 11,4 % a un 14,2 %.

Aun así, es mucho.

Las personas "a punto de romperse" ya no son una excepción. Están bastante presentes en la sociedad.


2. ¿Por qué pesa más entre los 15 y los 19 años?

A algunos les sorprende oír que la carga de salud mental es alta entre los 15 y los 19 años.

Desde la mirada adulta, las preocupaciones adolescentes parecen cosas como "los exámenes", "los amigos" y "qué hacer después". Lo del trabajo, el dinero de casa, el matrimonio, la crianza, el cuidado de los padres, la hipoteca o las relaciones parece más pesado.

Pero lo duro de los últimos años de la adolescencia no se mide solo por el contenido de las preocupaciones.

El problema es que todavía no puedes elegir tu entorno.

Un adulto al que no le encaja su trabajo puede plantearse cambiar de empleo. Tiene otras cartas: cambiar de departamento, pedir una baja, mudarse, hacer algún trabajo extra, tomar distancia, informarse sobre ayudas.

Claro que a los adultos tampoco les resulta fácil. En la práctica tienen pocas salidas y es duro si no te abres camino tú mismo.

Aun así, los adultos suelen saber al menos que "en la sociedad hay varios caminos".

A los 15-19 años es distinto.

La casa y el colegio son casi todo tu mundo. Lo que dicen profesores y padres pesa muchísimo. Es difícil huir de la relación con tus compañeros. Te ponen precio cada día con las notas y el aprobado o suspenso. No sabes qué trabajos existen. Aún no has podido probar qué se te da bien. Y aun así te dicen que "decidas tu futuro".

Es como si te pidieran elegir un destino sin darte un mapa.


3. "Ten una meta" se parece a "elige un destino sin mapa"

En el colegio y en casa se oye mucho eso de "ten una meta".

Pero para un adolescente, tener una meta ya es bastante difícil de por sí.

Porque para tenerla hace falta, como mínimo, esta información:

  • Qué trabajos hay en el mundo
  • Cómo son de verdad esos trabajos
  • Para qué eres bueno
  • Qué es lo que no soportas
  • Qué riesgos tiene cada camino
  • Qué rodeos existen si sale mal
  • En qué se diferencian tus valores de los de tus padres y profesores

Pero la mayoría de los estudiantes de instituto no tiene esta información.

Y aun así les dicen: "Esfuérzate ahora por tu futuro".

Es pedir demasiado.

Quienes estudian bien, quienes tienen una familia estable, quienes duermen bien, quienes encajan en el colegio y a quienes les va bien el juego de las reglas del examen quizá lo logren.

Pero los demás se atascan de golpe con facilidad.

Tengo que estudiar. Pero no sé para qué lo hago. Si no lo hago, el futuro pinta mal. Pero no puedo. Me escapo a los videojuegos. Me siento culpable por haberme escapado. Tengo sueño. No me levanto por la mañana. Llego al colegio justo antes de que sea tarde. Y otra vez me desprecio a mí mismo.

Este bucle es bastante peligroso.

No es tanto falta de fuerza de voluntad como que hay demasiadas variables que procesar a la vez.


4. La nota del examen y el aprobado se convierten en "mi precio"

Lo duro de los exámenes no es solo la cantidad de estudio.

Lo que de verdad duele es que el aprobado o suspenso y el hensachi dejen de sentirse como "una parte de mi capacidad" y pasen a sentirse como "el precio de mí mismo".

En el fondo, el resultado de un examen es solo el resultado de un examen.

Entraste en ese colegio. Suspendiste ese examen. En aquella época pudiste estudiar. En aquella época no pudiste estudiar.

En principio, eso es todo.

Pero en la cabeza de un adolescente no funciona así.

Si aprobé, valgo. Si suspendí, no valgo. ¿Qué he estado haciendo hasta ahora? ¿Será culpa de mis padres? No, será culpa mía. A lo mejor ya no tiene arreglo.

Los pensamientos saltan a ese lugar en un instante.

Eso es peligroso.

No se puede decir que el título no importe. Puede influir en el empleo, en el primer puesto que te asignan, en tus opciones y en cómo te ven los demás.

Pero el título no es el valor de una persona.

En el fondo es algo así como una entrada, un pase, una carta que amplía un poco tus opciones, un pequeño aval de confianza al principio.

Sin embargo, para un adolescente en plena época de exámenes se infla hasta parecer un "certificado de aprobado como ser humano".

Por eso hay quien, volviendo a casa tras suspender un examen, siente que "ya está, se acabó".

En realidad no se ha acabado.

Pero en ese momento esa persona no ve ejemplos concretos ni salidas que le permitan saberlo.


5. Si te sales del camino habitual, te toca cargar con el "¿por qué?"

Una de las razones por las que la ansiedad por el futuro pesa tanto en Japón es la obligación de dar explicaciones cuando te sales de la ruta estándar.

Ir a un instituto de educación a distancia. Abandonar el instituto. Pasar un año o más repitiendo exámenes de ingreso. No ir a la universidad. Ir a una escuela de formación profesional. Tener un vacío antes del primer empleo. Pedir una excedencia a mitad de los estudios.

En la realidad, ninguna de estas cosas es rara.

Según una encuesta del Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología de Japón, cada año hay cierto número de estudiantes que abandonan el instituto. En el año fiscal 2023 (Reiwa 5) fueron 46,238, y alrededor del 40 % señaló como motivo principal un cambio de rumbo.

Es decir, hay mucha gente corriente que duda sobre su camino.

Pese a ello, el ambiente social es que, si te sales de la ruta estándar, enseguida te preguntan "¿por qué?".

Ese "¿por qué?" pesa.

Lo que esa persona de verdad necesita no es una pregunta que le eche en cara por qué se salió, sino un mapa con el que ordenar junto a alguien qué hacer ahora.

Pero en la práctica, lo primero que llega es la exigencia de explicarse.

¿Por qué un instituto a distancia? ¿Por qué lo dejaste? ¿Por qué repetiste el intento? ¿Por qué esa universidad? ¿Por qué no vas a la universidad? ¿Por qué hay un vacío?

Hacer que alguien de entre 15 y 19 años cargue con todo eso es muy duro.


6. Escaparse a los videojuegos no es pereza: también es un refugio

Mucha gente no consigue dejar los videojuegos en época de exámenes.

Verlo simplemente como "pereza" hace que se malinterprete la estructura.

A veces los juegos están diseñados de forma mucho más amable que la realidad.

Los objetivos son claros. Puedes reintentarlo si fallas. Si actúas, obtienes respuesta. El progreso se ve en números y equipamiento. Sabes qué hacer para volverte más fuerte. Si derrotas a un enemigo, recibes una recompensa. Tu esfuerzo te devuelve resultados bastante claros.

En cambio, los exámenes y el camino a seguir no son así.

No sabes para qué estudias. No sabes cómo irá el futuro. Aunque te esfuerces, no sabes si aprobarás. No sabes qué camino te conviene. Fallar se siente como el final. Hay presión de padres y profesores. Tienes sueño. Pero tienes que estudiar.

En ese estado, es bastante natural que el cerebro huya hacia el lado de los videojuegos.

Por supuesto, esto no quiere decir que no haya que estudiar para los exámenes.

Solo que culparte con "soy un inútil porque no puedo dejar los videojuegos" no lo resuelve. Lo que hace falta no es prohibirlos del todo, sino crear también en la vida real un camino que se pueda superar.

Los exámenes y el futuro también hay que desmenuzarlos como si fueran un juego.

Qué hacer hoy. Qué no hacer. El mínimo exigible. Un plan B por si sale mal. La explicación a tus padres. Arreglar el sueño. No horas de estudio, sino un objetivo que alcanzar. Vías de escape. A quién pedir ayuda.

Si no creamos también en la vida real un mapa y una interfaz así, una persona no puede moverse.


7. Las redes sociales no son tanto la causa como un amplificador de la comparación

Creo que, en el empeoramiento de la salud mental de los jóvenes en los últimos años, las redes sociales tienen una influencia bastante grande.

Pero explicarlo todo solo con ellas es simplificar demasiado.

Un informe de la OCDE también señala que la salud mental de los jóvenes empeoró con la pandemia, pero que en muchos países ya venía en descenso antes de la COVID. Además, lo resume como una suma de varios factores, no solo las redes y los dispositivos digitales, sino también la inseguridad económica, la presión académica, la angustia por el futuro y la inestabilidad social.

Lo verdaderamente duro de las redes sociales es que se descontrola con quién te comparas.

Antes, con quien te comparabas era con el colegio, el trabajo, los parientes, los vecinos y los famosos de la tele.

Ahora es distinto.

Gente de tu edad que gana mucho. Gente que triunfó siendo joven. Gente que parece haberse bajado de la rueda del trabajo. Gente que logró el FIRE (independencia financiera para jubilarse pronto). Gente que vive libre en el extranjero. Gente con un físico espectacular. Gente que lo tiene todo: estudios, sueldo y negocios paralelos. Gente que parece pasarlo bien todos los días. Los del estilo "me he graduado de oficinista".

Esos mejores momentos llegan sin fin a tu móvil.

Eso es malo para el cerebro.

Yo tengo que trabajar cada día para vivir. O, si no estudio, me angustia el futuro. Pero en la pantalla aparecen personas que parecen vivir sin trabajar, que parecen vivir de lo que les gusta, que han triunfado.

Normal que compararte te desgaste.

Las redes sociales también sirven para informarse. Son un lugar donde encontrar gente afín. A veces reducen la soledad.

Pero si las usas mal, se convierten en un reparto automático de debuffs de felicidad (en los videojuegos, un efecto negativo que te debilita).


8. Ir y venir entre el rencor hacia tus padres y la culpa contra ti mismo

Cuando algo sale mal con los exámenes o el camino a seguir, a veces uno acaba guardando rencor a sus padres.

Ojalá me hubieran apoyado más. Ojalá me hubieran dejado más libertad. Ojalá me lo hubieran dicho antes. ¿Por qué solo me decían que estudiara? ¿Por qué solo me enseñaron este camino?

A veces se piensa así.

Pero al mismo tiempo, enseguida llega la autoculpa.

No, el que jugaba a videojuegos era yo. El que no estudió fui yo. El que se quedó dormido fui yo. Al final, ¿no será todo culpa mía?

Este vaivén es lo más duro.

Es un salto de lado a lado entre culpar a los demás y culparse a uno mismo.

Culpar a tus padres no te salva. Culparte a ti mismo tampoco.

Lo que de verdad hace falta no es buscar la causa, sino desmontar la estructura.

¿El yo de entonces simplemente estaba perezoso? ¿O el sueño, la angustia por el futuro, la presión familiar, el sistema de exámenes, la autoestima, la huida a los videojuegos y el ambiente del colegio estaban todos enredados hasta colapsar?

En la mayoría de los casos, es lo segundo.

No se trata de decir que la persona no tiene ninguna responsabilidad.

Pero hay demasiadas variables como para meterlo todo en el saco de "falta de agallas".


9. Una sociedad diseñada para gente con la mente fuerte es dura

La sociedad está construida casi por completo pensando en gente con la mente fuerte.

Decide tu camino. Ten una meta. Estudia. Acepta si apruebas o suspendes. Aunque suspendas, pasa página. Si fuiste a un instituto a distancia o abandonaste, explica por qué. Explica también el período en blanco. Trabaja. Aguanta las comparaciones. Aguanta la angustia por el futuro. Busca la información tú mismo. Crea tú mismo tus vías de escape.

Es una exigencia altísima.

Y además, a los 15-19 años todavía hay poca información y poca experiencia.

Decirle "ten una meta" a alguien en ese estado es bastante brusco.

Lo que hace falta no es imponer una meta.

Lo que hace falta es hacer visibles las opciones.

El camino de ir a la universidad. El camino de ir a una escuela de formación profesional. El camino de seguir estudiando después de un instituto a distancia. El camino de ponerse a trabajar al terminar el instituto. El camino de sacarse una certificación. El camino de repetir el intento de ingreso. El camino de descansar. El camino de trabajar primero y estudiar después. El camino de recomponerse tras un fracaso.

Hace falta un mapa así.

Antes que "ten un sueño", lo primero es "conoce los caminos".


10. Conclusión: usa ChatGPT, pero no le dejes tu vida entera

Aquí llegamos a una conclusión muy de nuestro tiempo.

Precisamente los estudiantes de instituto deberían usar una IA como ChatGPT.

Pero no se trata de "dejar que la IA decida tu vida".

Se trata de poner fuera de ti a alguien con quien hablar, un ayudante de búsqueda, un generador de opciones, algo que te ayude a poner en palabras lo que piensas, un encargado de hacer tablas comparativas y alguien que te redacte la explicación para tus padres.

Si una persona intenta procesar su angustia sobre el futuro solo dentro de su cabeza, se rompe con facilidad.

Por eso hace falta un cerebro externo.

Por ejemplo, puedes preguntar así:

Estoy en segundo de instituto. No tengo nada que quiera hacer en el futuro. Pregúntame por orden qué se me da bien, qué no me gusta, mis notas y mi situación familiar, y luego dame 10 posibles caminos.

Hazme una tabla con las ventajas, las desventajas y las vías de escape si sale mal de ir a la universidad, a una escuela de formación profesional, a un instituto a distancia, ponerme a trabajar, sacarme una certificación o repetir el intento de ingreso.

He suspendido el examen de ingreso. Siento que mi vida se ha acabado. Ordéname mis opciones realistas a corto, medio y largo plazo.

Escribe un mensaje para decirles a mis padres que me gustaría plantearme un instituto a distancia, con palabras que no provoquen una discusión.

Tengo que estudiar pero no puedo dejar los videojuegos. Hazme un horario realista que no los prohíba del todo.

Ordena mi angustia actual en colegio, familia, amigos, exámenes, sueño, redes sociales y preocupaciones por el futuro.

Solo con eso, una masa confusa de ansiedad se convierte en problemas que se pueden desmontar.

Una suscripción mensual es cara para un estudiante de instituto. Así que, para empezar, basta con la versión gratuita. También puedes plantearte un plan de pago solo cuando lo necesites, por ejemplo en época de exámenes o ante una decisión importante sobre tu camino.

Lo importante es no usar la IA como un dios que te da las respuestas.

Es usar la IA como un cerebro externo que amplía tus opciones.


11. Pero cuando hay peligro, conecta con una persona, no con la IA

Esto es importante.

Si estás tan acorralado que sientes "quiero morirme", "quiero desaparecer" o "quiero acabar con todo", cargar con eso solo con una IA es peligroso.

La IA sirve para ordenar las ideas.

Pero cuando hay riesgo para tu vida, hay que conectar con personas reales, con atención médica y con líneas de ayuda.

En Japón, el sitio "Mamorou yo Kokoro" ("Protejamos el corazón"), del Ministerio de Sanidad, Trabajo y Bienestar, reúne servicios de consulta por teléfono y por chat.

Entre ellos figuran #Inochi SOS, Yorisoi Hotline, Inochi no Denwa (el Teléfono de la Vida), la línea unificada de consulta de salud mental, Childline y la línea SOS infantil de 24 horas.

No son "cosas que usa la gente débil".

Cuando llegas a tu límite, son una válvula de seguridad que permite sacar fuera parte de la carga que tu mente no puede procesar.

Usar la IA. Preguntar a un adulto que no sea tu profesor. Tener a alguien con quien hablar aparte de la familia. Conectar con atención médica. Informarte sobre las ayudas disponibles. Crear vías de escape.

Todo eso son formas de protegerte.


12. Lo que necesita un adolescente es un mapa, no aguante

Que la carga de salud mental sea tan pesada entre los 15 y los 19 años no es raro.

Todavía no puedes elegir tu entorno. No conoces las opciones que ofrece la sociedad. No sabes para qué sirves. Y aun así te dicen que decidas tu futuro. Te ponen precio con las notas y el aprobado o suspenso. Si te sales del camino habitual, cargas con el deber de explicarte. No tienes escapatoria ni en casa ni en el colegio. En las redes sociales ves el éxito y la libertad de los demás. Los videojuegos parecen más superables que la realidad. Fallar se siente como el final.

Que la mente se rompa en estas condiciones no es debilidad personal.

El diseño de la sociedad es bastante duro.

Por eso lo que hace falta no es "sé más fuerte".

Lo que hace falta es un mapa.

Un mapa de opciones. Un mapa de vías de escape. Un mapa de lo que se te da bien y mal. Un mapa de rodeos para después de un fracaso. Un mapa para explicárselo a tus padres y profesores. Un mapa de a quién acudir cuando tu salud mental corre peligro.

Y hoy la IA se puede usar como herramienta para dibujar ese mapa.

Antes de decirle a un adolescente "ten una meta", los adultos deberían empezar por mostrarle las opciones y las salidas.

Y el propio adolescente debería sacar lo que lleva dentro, en lugar de cargarlo solo en la cabeza, ya sea a una IA, a una persona o a un papel.

La vida no es tan simple como para acabarse con un único examen.

Solo que a un adolescente no se lo parece.

Por eso hace falta que alguien, o algo, le muestre de forma visible que no se ha acabado.

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