Los jóvenes supuestamente exigen comprensión sin ofrecerla. Pero ¿qué ocurre cuando alguien pide respeto y a la vez ridiculiza a quien no quiere soportar gritos?
La regla que condena a quien la inventa
Una queja habitual dice que los empleados jóvenes odian recibir gritos pero ignoran la frustración de sus compañeros mayores. Alguien que pide consideración mientras deja más trabajo a los demás tiene, sin duda, un comportamiento que corregir.
Ahora imaginemos a una persona que proclama «respetad nuestros sentimientos» y enseguida llama débil al joven que protesta por los gritos. El árbitro pita la falta y descubre que la ha cometido él mismo. Ahí está el bumerán.
¿Un rasgo de la generación Z o un viejo estereotipo?
Un metaanálisis sobre generaciones en el ámbito laboral encontró pocas diferencias sistemáticas y relevantes en diversas actitudes y conductas.[1] Se difundió en línea en 2024 y apareció en un número académico de 2025. No prueba que todas las edades posean idéntica empatía, pero tampoco respalda el diagnóstico de millones de personas a partir de anécdotas.
En su momento, los miléniales ya fueron tachados de egoístas, desmotivados e irrespetuosos.[5] Cinco estudios con 3.458 adultos estadounidenses mostraron que las personas tienden a ver a los jóvenes actuales como carentes de las virtudes que ellas mismas creen poseer. También influye el recuerdo idealizado del pasado.[2] Es como comparar el álbum cuidadosamente retocado de nuestra juventud con una cámara de seguridad que registra los errores del nuevo empleado. Se trata de una metáfora, no de un diagnóstico psicológico de un usuario concreto.
Dos molestias no implican dos peticiones equivalentes
Un empleado cambia una fecha de entrega sin avisar. Su responsable puede exigir coordinación. Ese responsable se pone a gritar. El empleado puede pedir una explicación sin intimidación. «Avísame de los cambios» y «aguanta mis gritos» son demandas distintas.
La OMS recopiló en 2025 los daños asociados al castigo corporal infantil.[3] Una revisión de 2026 que reunió 39 estudios y 32.909 participantes vinculó el liderazgo abusivo con peores resultados para empleados y organizaciones.[4] Haber soportado sufrimiento no otorga licencia para repartirlo.
La misma vara para todas las edades
Conviene evaluar qué sucedió, a quién afectó y qué conducta hay que cambiar. Y preguntarse si juzgaríamos igual con las edades intercambiadas. Hay que corregir tanto al joven que elude responsabilidades como al superior que intimida.
«Tened en cuenta cómo nos sentimos» es una petición razonable. Solo falta incluir en ese «nosotros» a la persona que recibe el sermón.
Referencias (5)
- Ravid, Costanza & Romero (2025 journal issue, online 2024), Generational differences at work? https://doi.org/10.1002/job.2827
- Protzko & Schooler (2019), Kids these days: Why the youth of today seem lacking (five studies, N=3,458). https://doi.org/10.1126/sciadv.aav5916
- WHO (2025), Corporal punishment of children: the public health impact. https://www.who.int/publications/i/item/B09424
- Singh, Gupta & Sarda (2026), Cascading effect of abusive leadership on employee and organizational outcome (39 studies, N=32,909). https://doi.org/10.1016/j.actpsy.2026.106312
- Myers & Sadaghiani (2010), Millennials in the Workplace. https://doi.org/10.1007/s10869-010-9172-7
