"No sé qué es lo que quiero hacer."
Seguro que más de uno se ha sentido así al buscar su primer trabajo o al plantearse un cambio de empleo.
Pero si desde el principio intentas decidir entre "¿ventas?, ¿planificación?, ¿recursos humanos?, ¿ingeniería?" guiándote solo por el nombre del puesto, es muy fácil perderse.
La razón es que un mismo nombre de puesto significa cosas distintas según la empresa.
Hay puestos de "planificación" donde de verdad piensas en los problemas a fondo, y otros donde solo pules lo que te llega desde arriba. Hay "PM" (gestores de producto) que piensan el producto, y otros que acaban siendo simples coordinadores. Hay puestos de "recursos humanos" donde participas en la estrategia de contratación y en el diseño de políticas internas, y otros centrados en el papeleo.
Así que, antes de buscar por nombre de puesto, hay algo que conviene hacer primero.
Es llevar durante un solo mes un "registro de tus reacciones".
Lo que "quieres hacer" se encuentra en un registro, no pensándolo con la cabeza
Cuando se habla de autoanálisis, mucha gente piensa en esto:
- ¿Cuáles son mis puntos fuertes?
- ¿Qué es lo que me gusta?
- ¿Cómo quiero verme en el futuro?
- ¿Para qué tipo de trabajo sirvo?
Todo eso es importante, claro.
Pero si empiezas directamente por ahí, a veces cuesta ponerlo en palabras.
Porque, aunque no lo parezca, uno mismo se ve bastante mal.
Por eso recomiendo anotar tus reacciones cada día.
Por ejemplo:
- Lo que disfrutaste hoy
- Lo que, sin que nadie te lo pidiera, terminaste investigando hoy
- Lo que hoy te salió con más naturalidad que a otros
- Lo que hoy te sacó de quicio
- Lo que hoy te agotó
- Lo que hoy, al contrario, no te cansó
- Lo que hoy pensaste "no quiero volver a hacer esto jamás"
- Lo que hoy pensaste "esto sí podría hacerlo yo"
Guarda todo esto durante un mes, solo un mes.
Y antes de saber "qué quieres hacer", empezarás a ver a qué cosas reaccionas tú.
Lo importante no es solo el "registro de emociones"
Al hablar de registro, quizá pienses que basta con apuntar lo que fue divertido o lo que no soportaste.
Pero lo más importante es separar y anotar estas tres cosas.
La primera es el registro de emociones. Alegría, rechazo, enfado, aburrimiento, ilusión, agobio. Es decir, cómo se mueven tus emociones.
La segunda es el registro de talento. Lo que hiciste más rápido que los demás sin saber por qué, lo que seguiste haciendo sin esfuerzo, lo que entendiste sin que te lo enseñaran, lo que al verlo te hizo pensar enseguida en para qué servía.
La tercera es el registro de desgaste. Qué te fue consumiendo, qué se te hizo cuesta arriba y en qué tipo de entorno tus virtudes se apagan.
Cuando juntas las tres, el autoanálisis avanza mucho.
Porque el trabajo que te va bien no se decide solo por "lo que disfrutas".
Qué eres capaz de hacer. Qué cosas crecen solas en tus manos. Qué tienes que evitar para no quebrarte.
Cuando ves todo esto, por fin tienes un eje para tu carrera.
Mi caso: "En cuanto vi las herramientas de IA, vi cómo podía ganar yo"
Yo también he avanzado mucho en conocerme con este método hace poco.
Siempre fui de los que tienen dificultad para explicar quiénes son con un nombre de puesto.
Tengo experiencia en recursos humanos. Sé mejorar procesos. Sé hacer documentos. He tocado el desarrollo de apps. Uso IA. Escribo artículos. Hago páginas de aterrizaje (LP, las páginas web de una sola pantalla para promocionar algo). Y también armo listas de empresas para cambiar de trabajo.
A simple vista parece un batiburrillo.
Pero al ir llevando el registro, descubrí que todo eso tenía en común una especie de sistema operativo interno.
Es esto: captar lo que me chirría, estructurarlo y convertirlo en un sistema.
Por ejemplo, cuando salieron herramientas de apoyo al desarrollo con IA como Claude Code o Codex, pensé bastante pronto: "esto sí puedo hacerlo yo".
No fue solo pensar "qué increíble es la IA".
En mi cabeza se conectó enseguida así:
- Yo sé aportar ideas y detectar lo que no encaja
- Pero implementarlo todo a mano es un trabajo enorme
- Si dejo la implementación y el pulido a la IA, puedo producir en cantidad
- Eso se puede extender a apps, LP, artículos, documentos y prompts
- Quizá mi fuerte no sea "implementar", sino "diseñar y encargar"
De hecho, a partir de ahí empecé a crear una cantidad considerable de apps, LP, artículos, documentos, listas de ofertas de empleo, notas de autoanálisis y más.
Lo importante en ese momento no fue decir con palabras "me gusta la IA".
Fue que me puse en marcha de verdad.
Al verlo, enseguida se me ocurrió para qué servía. Lo probé al instante. Produje en cantidad. Vi cosas que mejorar. Aparecieron nuevos usos.
Para el registro de talento, esa fue una prueba muy sólida.
Lo que te "sacó de quicio" también es dato para saber qué trabajo te conviene
Otra cosa que ayudó mucho fue anotar también el enfado y la sensación de incomodidad.
Normalmente, lo que nos saca de quicio se despacha como una simple "queja".
Pero cuando lo dejas por escrito, contiene información muy valiosa.
En mi caso, las situaciones que me desgastaron una y otra vez fueron estas:
- Roles y responsabilidades poco claros
- Responsabilidad sin autoridad
- Reglas y criterios de evaluación sin dejar por escrito
- Críticas a posteriori, cuando ya no hay remedio
- Un ambiente donde quien hace horas extra es el que manda
- Obedecer al jefe como si fuera lo correcto por definición
- Resolver las cosas a base de ganas de la gente en lugar de arreglar la estructura del problema
- Que te usen de coordinador o de chico para todo
Al anotar esto una y otra vez, poco a poco se ve claro.
No es que yo sea simplemente "caprichoso". Me desgasto con facilidad en entornos sin definir, donde la responsabilidad y la autoridad no coinciden y el objetivo de la mejora es confuso.
Y, al revés, también se ve qué entorno me va bien:
- Objetivo claro
- Rol claro
- Criterios de evaluación claros
- Se pueden estructurar los problemas
- Las propuestas de mejora se traducen en mejor calidad
- Se puede convertir en sistema con IA y documentación
- Se avanza con texto y diseño, no con el ambiente de las conversaciones orales
Cuando llegas a verlo, cambian mucho tus criterios para elegir a dónde ir.
El talento se nota más en "lo que sale solo en cantidad" que en "lo que te gusta"
Mucha gente busca "lo que le gusta" al hacer autoanálisis.
Por supuesto, eso también importa.
Pero para conectarlo con el trabajo, creo que conviene pensarlo así:
El talento se muestra en lo que sale solo en cantidad.
Por ejemplo:
- Cuando te das cuenta, llevas horas investigando
- Proponías mejoras sin que nadie te lo pidiera
- Aunque era un fastidio, acabaste documentándolo
- Hiciste una cosa y enseguida surgió la siguiente idea
- Viste antes que los demás para qué servía una herramienta
- Aunque fallaste, te dieron ganas de mejorarlo
- Lo que empezó como una queja terminó siendo un artículo o un sistema
Estas cosas importan mucho.
No solo "es divertido", sino algo cuya producción crece sola. Ahí aparece tu sistema operativo.
En mi caso, era "estructurar lo que me chirría y convertirlo en IA, documentos y sistemas".
Por eso mi criterio para cambiar de trabajo también quedó mucho más claro.
No era simplemente "quiero aprovechar mi experiencia en recursos humanos", sino:
me va bien un trabajo donde pueda detectar problemas del terreno, estructurarlos y convertirlos en requisitos, reglas, documentos y sistemas.
En puestos concretos, serían:
- PM / PdM (gestión de producto)
- Diseño de procesos
- Impulso de IA / DX (transformación digital)
- Planificación de recursos humanos
- HR Tech (tecnología para recursos humanos)
- SaaS de back office (herramientas en la nube para tareas internas de las empresas)
- Planificación de mejora de procesos
Más o menos por ahí.
Y también vi qué trabajos debo evitar:
- Coordinador sin autoridad
- Puestos de chico para todo
- PM "con potencial" en el rango de los 4 millones de yenes
- Puestos sin definir tipo "hacemos de todo"
- Empresas anticuadas que ven las horas extra como una virtud
- Entornos donde se prohíbe la IA, no hay cultura de texto y todo son reuniones orales
Sin el registro, esto también habría sido difícil de ver.
Cómo hacer el autoanálisis con el "registro de reacciones" en un mes
El método es sencillo.
Cada día, apunta notas durante solo 5 minutos.
No hace falta que sea perfecto. Vale el bloc de notas del móvil, Notion, Google Docs, un chat con IA, lo que sea.
Esta es la plantilla:
Lo que hice hoy:
Lo que disfruté:
Lo que me sacó de quicio:
Lo que me cansó:
Lo que no me cansó:
Lo que investigué sin que nadie me lo pidiera:
Lo que me salió con más naturalidad que a otros:
Lo que quiero volver a hacer:
Lo que no quiero volver a hacer:
Lo que descubrí hoy:
Las tres cosas más importantes son estas:
Registro de talento:
Lo que me salió sin saber por qué, lo que salió solo en cantidad, lo que al verlo supe para qué servía
Registro de desgaste:
Lo que me consumió, los entornos que se me dan mal, lo que no quiero volver a hacer
Registro de valores:
Lo que sentí que quería cuidar y, al revés, lo que sentí que jamás aceptaría
Mantenlo durante un mes.
No hace falta escribir bonito todos los días. De hecho, mejor si es a lo bruto.
Lo importante es dejarlo por escrito antes de que se borre de tu cabeza.
Una vez por semana, pídele a la IA que lo ordene
Cuando tengas una semana acumulada, pregúntale a la IA algo así:
A partir del registro de esta semana, organiza lo siguiente.
1. Tareas que me resultan agradables
2. Fortalezas que me salen con más naturalidad que a otros
3. Registro de talento: lo que sale solo en cantidad
4. Entornos que me desgastan y trabajos que debo evitar
5. Valores que se repiten
6. Puestos y sectores que probablemente me convienen
7. Puestos y sectores que probablemente no me convienen
8. Condiciones que debo mirar al buscar trabajo o cambiar de empleo
9. Puntos débiles y cosas a tener en cuenta
No solo me señales las fortalezas: indícame también, sin reparos, mis puntos débiles y lo que podría estar malinterpretando.
Si lo haces durante 4 semanas, se ve bastante claro.
En la primera semana puede parecer solo una queja o un diario. En la segunda aparecen los mismos patrones. En la tercera se ve lo que te sale de forma natural. En la cuarta puedes convertirlo en criterios para elegir puesto y entorno.
En el autoanálisis lo importante no es una "respuesta bonita", sino "datos medidos"
Cuando buscas trabajo o quieres cambiar, es fácil acabar fabricando un autoanálisis muy pulido.
"Quiero un trabajo donde tratar con personas." "Quiero trabajar en un entorno donde pueda crecer." "Quiero contribuir a la sociedad."
Si eso es lo que de verdad sientes, perfecto.
Pero inventarte unas palabras con las que ni tú mismo estás convencido no sirve de mucho.
Lo que importa más son los datos medidos:
- Con qué te sentías con energía en la práctica
- Qué fue lo que de verdad mantuviste en el tiempo
- Qué te enfadó realmente
- Qué te desgastó realmente
- Qué viste que te hizo pensar "esto sí puedo hacerlo"
- Qué resultados se acumularon realmente
Este registro es mucho más fiable que un autoanálisis bonito.
Resumen: lo que quieres hacer no se descubre, se "observa"
Creo que lo que uno quiere hacer no cae del cielo de repente.
Está más bien en las pequeñas reacciones de cada día.
Lo que disfrutaste. Lo que te sacó de quicio. Lo que hiciste sin que nadie te lo pidiera. Lo que te salió con más naturalidad que a otros. Lo que, sin saber por qué, te desgastó. Lo que al verlo pensaste "esto sí puedo hacerlo".
Si lo registras durante un mes, empezarás a ver tu propio sistema operativo.
En mi caso, lo que vi fue:
captar lo que me chirría → estructurarlo → ponerle etiquetas → convertirlo en IA, documentos y sistemas → convertirlo en un activo
Ese era mi sistema operativo.
Por eso, al cambiar de trabajo, entendí que no hay que buscar "una empresa que parezca buena sin más", sino un lugar que valore mucho este sistema operativo.
Si no sabes qué quieres hacer, antes de buscar por nombre de puesto, prueba a registrar tus reacciones durante un mes.
En lugar de exprimirte para sacar una respuesta que llevas dentro, observa la respuesta a partir del registro de tus acciones y emociones.
Así el autoanálisis queda mucho más cerca de la realidad.


