¿Por qué nos hace tanta gracia un hámster asustado?

¿Por qué los hámsteres son tan graciosos?

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La cara de quien acaba de descubrir la verdad del mundo

¿Por qué los hámsteres son tan graciosos?

Está ahí de pie, sin más. Se queda quieto, sin más. Está en un rincón, sin más. Tiene la boca un poco abierta, sin más.

Y aun así, a nuestros ojos parece decir:

«¿Eh...?» «Acabo de descubrir la verdad del mundo...» «Pero si yo no he hecho nada...» «Se acabó el mundo...»

El hámster, seguramente, no está pensando nada tan profundo.

Se oyó un ruido. Algo se movió. Olió algo. Da miedo. A lo mejor es comida. Mejor me quedo quieto.

Probablemente sea más o menos eso.

Pero desde el lado humano, ese instante se vuelve de pronto dramático.

«El hámster que descubrió la verdad del mundo» «Hamtaro (el hámster protagonista de un famoso anime japonés) con cara de víctima» «El hámster que entendió en un rincón que el mundo se acaba»

Que este tipo de fotos y vídeos nos hagan reír no es casualidad, creo yo.

Los hámsteres reúnen demasiados ingredientes para ser un meme.


Primero: el hámster siempre parece ocupadísimo

El primer nivel de su gracia está en su ajetreo de todos los días.

Trotecitos de un lado a otro. Echa a correr de golpe. Se pone a comer de golpe. Se pone a cavar de golpe. Se para de golpe. Y otra vez a moverse de golpe.

Con ese cuerpecito minúsculo, siempre está haciendo algo.

Visto desde fuera, parece hiperactivo.

Claro que para el hámster es un comportamiento normal. Está explorando. Está comprobando olores. Está pendiente del material del nido y de la comida. Está vigilando que todo esté seguro a su alrededor.

Pero para nosotros, ver ese cuerpo tan pequeño trajinando sin parar ya tiene su gracia.

Y encima es pequeño. Tiene las manos pequeñas. Las patas pequeñas. La cara redonda. Y se mueve rapidísimo.

Con que sea «una cosita diminuta que se afana a toda máquina», ya se nos escapa la risa.


De la hiperactividad al freno en seco: parece una revelación

Este es, probablemente, el mayor punto cómico del hámster.

Hiperactividad → parada en seco

Ese contraste es potentísimo.

Hace un segundo trotaba de aquí para allá y, de repente, se queda clavado.

En ese momento, los humanos le ponemos significado por nuestra cuenta.

«¡Ah!» «Se ha dado cuenta» «Ha entendido» «Ha tenido una revelación» «Ha llegado a una verdad terrible»

En realidad, puede que solo se haya detenido por precaución.

En la investigación con roedores, el «freezing» (quedarse paralizado, es decir, detener el movimiento de golpe) se estudia con frecuencia como una conducta ligada al miedo y a la alerta. Las guías sobre el comportamiento de los hámsteres también explican que, cuando se asustan, pueden quedarse petrificados en el sitio.

Pero quien mira no lo ve así.

Los humanos leemos un acontecimiento mental en un movimiento de «parada repentina».

Si alguien que no paraba de hablar se calla de golpe, pensamos: «¿Se le ha ocurrido algo?». Si alguien que iba andando se detiene en seco, pensamos: «¿Se habrá dado cuenta de algo?».

Con el hámster pasa lo mismo.

De hecho, como normalmente va tan ajetreado, el impacto de la parada es todavía mayor.

Por eso, una simple precaución se convierte en «la cara de quien ha descubierto la verdad del mundo».


Solo con ponerse de pie ya parece que ha notado algo raro

A veces el hámster se pone de pie sobre las patas traseras.

Esa postura también es tremenda.

Un cuerpecito diminuto, ahí erguido. Las patitas delanteras ligeramente en el aire. Los ojos redondos. Parece que está inspeccionando el entorno.

Solo con eso, la gente piensa:

«Está evaluando la situación» «Ha detectado algo» «Ha notado que pasa algo raro» «Ha comprendido que el mundo ha cambiado»

Desde el punto de vista del comportamiento animal, puede explicarse como una postura de alerta o de exploración. Las explicaciones sobre su conducta indican que ponerse de pie sobre las patas traseras puede ser tanto una forma de examinar el entorno como una señal de que se siente amenazado.

Es decir, que el hámster, por su cuenta, quizá solo piense:

«¿Hay algo ahí?» «¿Es peligroso?» «Voy a mirar»

Algo así.

Pero para nosotros eso se convierte por completo en «un ciudadano de a pie que ha notado que algo no va bien».

Ahí está la gracia.

Si un gato se pone de pie, todavía parece que tiene todo bajo control. Si lo hace un perro, parece curiosísimo. Pero cuando lo hace un hámster, no sé por qué, da sensación de fin del mundo.

Es que es demasiado pequeño.

Una criatura que parece indefensa, comprobando la situación con todo el cuerpo. El contraste entre esa seriedad y su tamaño es lo que hace gracia.


Solo con estar en un rincón ya da sensación de fin del mundo

Los hámsteres y los rincones se llevan demasiado bien.

La esquina de la jaula. La esquina de la habitación. La esquina de una caja. Pegado a la pared. En la sombra de algo.

Basta con que esté ahí, de pie y pequeñito, para que se cree un drama.

En el lenguaje visual humano, un rincón se interpreta fácilmente como un «lugar sin salida».

No hay escapatoria. Está en el borde del mundo. Acorralado. Del lado de los que necesitan protección. Un ser pequeño arrastrado por algo enorme.

El hámster ya es pequeño de por sí. Si encima le sumas la composición del rincón, de repente aparece el «aire de víctima».

Lo han metido en el lío sin haber hecho nada. Solo estaba viviendo y parece que se acaba el mundo. Se ha topado con un acontecimiento gigantesco que no puede controlar.

Ese ambiente surge solo.

En realidad, puede que solo esté en un sitio que le parece seguro.

Pero los humanos leemos la composición.

Un rincón. Un cuerpo pequeño. Ojos redondos. De pie. Sin moverse.

Solo con eso, ya es un figurante de película apocalíptica.


La boca torcida, entreabierta: ahí está la clave

La gracia del hámster no está solo en los ojos.

La boca es muy importante.

Se tuerce un poco. Se abre un poco. Se queda parado a medio masticar. Por culpa de los mofletes, la boca queda con una forma rara. Parece que solo se le levanta un lado.

Esa boca le añade significado a la expresión de golpe.

Con los ojos redondos nada más, se queda en un «qué susto». Pero con la boca un poco abierta, pasa a ser:

«¿Eh?» «No puede ser» «Pero cómo...» «Ahora lo entiendo...»

Y si la boca se tuerce un poco, es:

«Pero si yo no he hecho nada...» «¿Por qué me pasa esto?» «No lo acepto...»

El hámster es un animal que usa los mofletes (esas bolsas de las mejillas donde guarda comida), y al meter o mover comida ahí dentro, la forma de la boca y las mejillas cambia con facilidad. Para nosotros, eso parece una expresión.

O sea, que, al margen de lo que el hámster pretenda, la boca fabrica el drama por su cuenta.

Ojos redondos. Boca entreabierta. Mejillas hinchadas. Cuerpo paralizado.

Esa combinación es potente.

Es casi una «cara de meme» hecha y derecha.


Le queda demasiado bien la cara de víctima

Creo que lo del «Hamtaro con cara de víctima» también tiene gracia por el aspecto y la composición del hámster.

El hámster, de entrada, parece débil.

Pequeño. Redondito. Con manos cortas. Muy rápido para huir, pero con pinta de no saber pelear. Parece de los que acaban atrapados en las injusticias enormes del mundo.

Por eso el papel de víctima le sienta de maravilla.

Además, su cara se presta con facilidad a ser una «cara de víctima sin excusas».

Ojos totalmente redondos. Boca entreabierta. Cuerpo helado. Un rincón. Manitas diminutas.

Con eso, el subtítulo

«¿Eh...? Pero si yo no he hecho nada...»

funciona solo.

Con un gato es distinto.

Si un gato pone cara de víctima, uno piensa: «Venga ya, tú también habrás hecho algo». Con un perro se nota algo de cariño o de arrepentimiento.

Pero el hámster es demasiado pequeño. Tiene demasiado aire de ciudadano de a pie.

Por eso se nota tanto que lo han arrastrado a un lío injusto.

El hámster no es el protagonista de una película apocalíptica. Tampoco es el héroe que salva el mundo. Es solo un ciudadano de a pie que estaba allí por casualidad.

Y ahí está la gracia.


La seriedad y el tamaño no encajan en absoluto

La esencia del hámster como meme está, probablemente, aquí.

Una cara de seriedad total que no encaja con su tamaño.

La expresión es seria. La composición es seria. La postura es seria. Está en un rincón. Con la boca entreabierta. Con los ojos redondos.

Pero el cuerpo es diminuto. Las manos son diminutas. Los mofletes, redondos. En conjunto, se mire como se mire, es adorable.

Ese desajuste es lo que hace reír.

Si una persona pusiera esa cara, sería de verdad algo grave. Si la pusiera un perro grande, daría un poco de pena. Si la pusiera un gato, parecería que está actuando.

Pero en el hámster, la seriedad va montada sobre un cuerpo minúsculo.

El resultado es:

«Carga con el fin del mundo, pero tiene el tamaño de un garbanzo»

Y eso es lo gracioso.

Parece que un ciudadano de a pie, pequeño e indefenso, hubiera visto una verdad de escala mundial.

Ese desajuste de escala es la fuerza del hámster.


Los humanos le colgamos a los animales nuestras propias historias

Aquí también influye algo de nuestra manera de ser.

A los humanos nos resulta fácil leer significados humanos en las expresiones y los movimientos de los animales.

Eso se llama antropomorfismo.

Parece que el animal está sorprendido. Parece que está triste. Parece que está enfadado. Parece que está apurado. Parece que ha alcanzado la iluminación.

Por supuesto, a veces el animal sí está en algún estado emocional. Pero la historia que leemos nosotros se amplifica muchísimo con nuestra propia interpretación.

Y en internet, en particular, existe la costumbre de ponerle subtítulos a fotos y vídeos cortos.

El hámster se queda quieto. Y le ponemos:

«Ha descubierto la verdad del mundo» «Se acabó todo» «Yo no he hecho nada» «Ha visto el lado oscuro de la empresa»

Y así, un simple comportamiento animal se convierte en un meme de la sociedad humana.

Quizá lo gracioso no sea el hámster en sí, sino superponer a su conducta nuestra angustia y nuestras revelaciones humanas.


La ternura también sostiene la gracia

El hámster no nos hace gracia porque dé miedo.

Nos hace gracia porque es adorable.

Cara redonda. Ojos grandes. Nariz pequeña. Patas cortas. Mofletes hinchados. Cuerpo diminuto.

Estas características se parecen mucho a lo que los humanos percibimos como «tierno».

En psicología existe la investigación sobre el «esquema de bebé» (baby schema): rasgos propios de las crías, como la cara redonda y los ojos grandes, despiertan la sensación de ternura y las ganas de cuidar.

El hámster va muy sobrado en esa dirección.

Por eso, aunque parezca asustado, lo primero que sentimos es ternura.

No está bien reírse de un animal que tiene miedo. Pero lo que disfruta la gente del hámster como meme no es el miedo real, sino el contraste de una expresión seria sobre una base de ternura.

Adorable. Pero serio. Dan ganas de protegerlo. Pero da risa. Pequeñito. Pero cargando con el mundo.

Esa contradicción es lo que hace tan fuerte al hámster como meme.


Eso sí, asustarlos de verdad no está bien

Esto es importante.

«El hámster asustado» es gracioso. «El hámster con cara de víctima» también. «El hámster que entendió que el mundo se acaba» también.

Pero eso no significa que esté bien asustar a un hámster a propósito.

Quedarse paralizado, abrir la boca, hinchar los mofletes, ponerse de pie sobre las patas traseras... a veces se explican como señales relacionadas con la alerta y el miedo.

Es decir, esa cara que nos parece graciosa puede ser, para el propio hámster, una reacción de estrés.

Así que, como espectadores, conviene pensar:

«Qué gracia tiene esta cara»

pero a la vez tener presente:

«Aunque quizá él lo pasó mal»

Los memes de animales son graciosos por nuestra interpretación. Pero no son algo que valga la pena fabricar a costa de aumentar la carga del animal.

Lo justo es reírse de ese momento captado por casualidad.


El hámster tiene un «talento para dar aire de fin del mundo»

Con todo lo anterior, la gracia del hámster queda bastante clara.

El hámster tiene talento para dar aire de apocalipsis.

Está en un rincón. Está de pie. Tiene los ojos redondos. La boca entreabierta. El cuerpo paralizado. Es pequeño. Parece débil. Parece que no ha hecho nada.

Solo con esto, ya es:

«Un ciudadano de a pie que se ha enterado de que el mundo se acaba»

Y además, lo más probable es que él no esté pensando en nada. Eso lo hace aún más gracioso.

Los humanos lo interpretamos por nuestra cuenta, y de más.

«Ha tenido una revelación» «Se ha dado cuenta» «Es una víctima» «Se acabó» «Ha visto la verdad»

Pero el hámster, probablemente, solo piensa:

«Ruido» «Qué miedo» «¿Comida?» «¿Puedo moverme?»

Algo así.

Ese contraste es muy fuerte.


El hámster también encaja con los memes de oficina

La cara de víctima del hámster combina de maravilla con los memes de trabajo.

Porque la gente de hoy también es, muchas veces, un «ciudadano diminuto».

El jefe te llama de repente. Llega un encargo que no se entiende. Las condiciones aumentan a última hora. Te toca escuchar a alguien hablar eternamente en una reunión. No sabes qué tienes que hacer. Pero la fecha límite sí que existe.

En ese momento, lo que piensa uno por dentro se parece mucho al hámster.

«¿Eh?» «Pero si yo no he hecho nada» «¿Es el fin del mundo?» «¿Hasta dónde tengo que llegar?» «Ya no puedo más»

Por eso nos proyectamos en la cara del hámster.

Quizá el hámster sea un oficinista demasiado pequeño.

Lo arrastran a un lío sin haber hecho nada. La situación es enorme. Pero sus manos son diminutas. Solo le queda quedarse de pie en un rincón. Se le ponen los ojos redondos. Se le abre la boca.

Un trabajador moderno de pies a cabeza.


Resumen: un ciudadano diminuto e indefenso, arrastrado por una verdad enorme

Un hámster asustado es gracioso, y no solo porque sea adorable.

Pasa de la hiperactividad a la parada en seco. Su postura de pie parece la de quien ha detectado algo raro. La composición del rincón da sensación de acorralamiento. Tiene los ojos redondos. La boca se le queda entreabierta. Las mejillas y la boca parecen una expresión. Tiene el cuerpo pequeño y parece débil. Y nosotros le añadimos una historia.

El resultado es que el hámster parece esto:

Un ciudadano diminuto e indefenso, arrastrado por una verdad enorme.

Y por eso hace gracia.

El hámster que descubrió la verdad del mundo. Hamtaro con cara de víctima. El hámster que entendió en un rincón que el mundo se acaba.

Todo tiene la misma raíz.

Él, probablemente, solo está en alerta. Pero a nuestros ojos parece un resumen de la vida.

El hámster es pequeñísimo. Y aun así, en esa carita cabe, no sé por qué, el mundo entero.

Eso es lo que lo hace tan tramposo.


Referencias (7)

  • City of Irvine “Hamster Care Guide: Behavior”
  • Burgess Pet Care “Hamster Behaviour Explained”
  • Valentinuzzi et al. “Automated Measurement of Mouse Freezing Behavior”
  • Totty et al. “Behavioral and brain mechanisms mediating conditioned fear”
  • Epley, Waytz & Cacioppo “On Seeing Human: A Three-Factor Theory of Anthropomorphism”
  • Glocker et al. “Baby Schema in Infant Faces Induces Cuteness Perception and Motivation for Caretaking in Adults”
  • Dacey “Implicit measures of anthropomorphism: affective priming with animal faces”

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  • Inside of a dog (edición en inglés)

    Alexandra Horowitz / Thorndike Press / 2009

    Un libro sobre mascotas, el tema de este artículo.

  • Cat Sense (edición en inglés)

    John W. S. Bradshaw / Allen Lane / 2013

    Un libro sobre mascotas, el tema de este artículo.

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