Al ver las noticias, a veces uno piensa esto.
¿Por qué llegó a pegar? ¿Por qué un arrebato de rabia le arruinó la vida a alguien? ¿Por qué no pudo alejarse un momento, quedarse callado, irse a casa, llamar a la policía o pedir ayuda?
Por supuesto, la responsabilidad de la violencia es de quien la ejerce. Que la otra persona tuviera la culpa, que él hubiera bebido, que estuviera cansado o furioso no justifica la violencia.
Pero entender por qué se llega a pegar sí sirve para prevenirlo.
La violencia impulsiva no nace de la nada de golpe. Más bien se vuelve probable cuando se juntan varias condiciones.
En una frase:
La rabia pone en marcha primero la respuesta de amenaza, y el cálculo de lo que se pierde a futuro y el freno llegan un instante tarde.
En este artículo repasamos cómo funciona el golpe impulsivo y qué medidas prácticas ayudan a no llegar a la violencia.
Cómo se llega al golpe
Simplificando mucho, la violencia impulsiva avanza así.
Te insultaron
Se burlaron de ti
Te acorralaron
Pisaron tu límite
Sentiste una amenaza
↓
El cerebro y el cuerpo pasan a modo combate
↓
Sube el pulso
La respiración se vuelve superficial
Los músculos se tensan
La visión se estrecha
↓
"Si no lo paro ahora, pierdo"
"Se van a reír de mí"
"No se lo perdono"
"La culpa es suya"
aparece esa justificación
↓
El cálculo de lo que se pierde a futuro se diluye
↓
Sale el golpe
Lo peligroso es que, justo en el momento del golpe, el costo futuro se vuelve borroso.
Normalmente, con la cabeza fría, uno lo sabe:
Si pego, me detienen
La otra persona sale herida
Mi vida se arruina
Pierdo el trabajo y a la familia
Hay indemnizaciones y condenas
Me arrepentiré toda la vida
Pero cuando la rabia llega a la barra roja, en vez de esos costos futuros pasa al frente esto:
Quiero acabar con esta rabia ya
Quiero parar a esta persona ya
Quiero borrar esta humillación ya
Ahí está el peligro.
Cómo funciona el cerebro: respuesta de amenaza y freno
En la investigación neurocientífica sobre la agresión impulsiva se da mucha importancia a la relación entre dos grupos de zonas. Por un lado, las que participan en la reacción aguda ante una amenaza: la amígdala, el hipotálamo y la sustancia gris periacueductal. Por otro, las que se ocupan de juzgar e inhibir: la corteza prefrontal y la corteza orbitofrontal.
Cuando sentimos rabia o amenaza, el cuerpo tiende a pasar al modo de lucha o huida. La parte prefrontal, en cambio, se encarga de pesar lo que se gana o se pierde a futuro, el impacto social y el control de la conducta.
Lo peligroso de la violencia impulsiva es que este orden se invierte.
Normal:
Pienso en lo que ganaría o perdería
↓
Elijo qué hacer
Barra roja:
El cuerpo se prepara primero para pelear
↓
La razón llega después
Es decir, no es tanto que "me enojé y por eso golpeé". Más bien se juntan la rabia, la sensación de amenaza, la reacción del cuerpo y la justificación, y el freno no llega a tiempo.
Por eso, para prevenir no sirve esperar a que la rabia llegue al máximo y entonces aguantar a pura fuerza de voluntad. Hay que cambiar la situación antes de que llegue ahí.
Condiciones que facilitan el golpe
Una conducta impulsiva rara vez tiene una sola causa. Suele ser una suma de condiciones.
1. Falta de sueño
Hay estudios que relacionan la falta de sueño con la rabia y la agresividad.
Cuando duermes poco, cuesta más controlar las emociones. Palabras que normalmente dejarías pasar te clavan. En situaciones en las que normalmente tomarías distancia, reaccionas más rápido.
Los días en que no has dormido, la barra roja de la rabia sube con más facilidad.
Por eso, no enfrentarse directamente a alguien cuando estás mal dormido es bastante importante.
2. El alcohol
El alcohol es un factor bastante peligroso.
Afecta el juicio, el autocontrol, la capacidad de anticipar consecuencias y el control motor. También hay mucha investigación sobre su relación con la rabia y la agresividad.
Con alcohol encima, justificaciones peligrosas como estas pasan sin problema:
Bueno, no pasa nada
Se lo voy a decir
Un golpe nada más
La culpa es suya
Quedar a beber con alguien que te tiene furioso. Llamar por teléfono después de beber. Tener una conversación cara a cara estando bebido.
Todo eso es bastante peligroso.
3. Darle vueltas
Darle vueltas es repetir una y otra vez en la cabeza la misma rabia o el mismo mal momento.
Al rumiar, la rabia no se apaga sola: se le echa combustible una y otra vez.
Esa forma de hablar, no se la perdono
Ya la otra vez fue igual
Siempre me toca a mí
Me están faltando al respeto
Esta vez sí que se lo voy a decir
Así se va reforzando el guion de la rabia.
Claro que repasar y ordenar lo ocurrido es importante. Pero darle vueltas sin salida es peligroso.
Para manejar la rabia es mejor llegar hasta aquí:
Escribir los hechos
Ordenarlos
Ponerles una etiqueta
Convertirlos en un esquema
Escribirlos como un texto
Bajarlos a una acción concreta para la próxima vez
Si solo lo repites una y otra vez en la cabeza, estás volviendo a encender el fuego.
4. Estar muy cerca
Estar a distancia de alcance físico es peligroso.
Estás furioso y tienes a la otra persona justo enfrente. Estás en un cuarto pequeño. La salida queda lejos. La otra persona se te acerca.
En ese estado hay muy poco escalón entre la rabia y el acto.
Cuando la rabia está en la barra roja, lo primero es tomar distancia. Antes que convencer al otro, hay que alejarse físicamente.
5. Tener objetos a mano
Si te enfureces teniendo cerca algo duro, un cuchillo, una herramienta, un coche o algo pesado, una acción de un segundo puede tener consecuencias irreversibles.
Cuando la rabia está subiendo, aléjate de esos objetos.
No es exagerado. En la prevención de la violencia importa más el diseño del entorno que la fuerza de voluntad.
6. La justificación
Lo más peligroso es esto:
Como la culpa es del otro
Como yo soy la víctima
Una vez no hace daño
Es necesario para pararlo
Si me faltan al respeto, estoy acabado
Cuando entra esa justificación, la barrera psicológica contra la violencia baja.
Que la otra persona haya hecho algo mal es una cosa, y que tú tengas derecho a pegarle es otra.
Mezclarlas es peligroso.
Cuidado con la etiqueta del "mono"
Para aliviar el estrés en las relaciones, a veces se le pone a alguien la etiqueta de "mono" para mantener la distancia.
Sirve para rumiar menos, bajar la resolución con la que ves al otro en tu cabeza y trazar un límite.
Pero hay que tener cuidado cuando la persona está delante y la rabia está subiendo.
Si empiezas a verla como algo que ya no es humano, es más fácil que acabes justificando la violencia.
Por eso, la etiqueta del "mono" se usa así:
Para tomar distancia
Para bajar las expectativas
Para gastar menos energía emocional
Para escribirlo y ordenarlo
Y no se usa así:
Para acercarme y golpear
Para pensar que está bien hacerle daño
Para dejar de tratarlo como persona
La etiqueta es para retirarse. No para atacar.
Prevenir la violencia en la práctica: diseñar la distancia, no aguantar a base de voluntad
Para prevenir la violencia, "aguantar aunque estés furioso" se queda corto.
Frenar a pura fuerza de voluntad justo cuando la rabia llega al máximo es muy difícil.
Por eso hay que eliminar las condiciones del golpe antes de que la rabia llegue al tope.
1. No estar en la misma habitación
Cuando la rabia es fuerte, sal de ahí.
Si seguimos ahora no va a salir nada bueno, así que me voy un momento.
Lo que haga falta lo confirmamos luego por escrito.
Con eso basta.
2. Pasar a comunicarse por escrito
Al hablar en persona, la expresión de la cara, la voz, la distancia, las pausas y las reacciones del otro hacen que la rabia suba aún más.
Cuando hay rabia, pasa a lo escrito.
No puedo decidir nada aquí, así que lo confirmo luego por escrito.
3. Alejarse de objetos peligrosos
Cuando estés furioso, aléjate de cuchillos, herramientas, objetos duros y del coche.
Esto no significa "soy una persona peligrosa". Lo que significa es que, en la barra roja, es más seguro aumentar físicamente la distancia hasta la acción.
4. No beber
Antes de ver a alguien que te tiene furioso, antes de hablar con él o de llamarlo, no bebas.
El alcohol te desgasta el freno.
5. No decidir de noche
De noche, con falta de sueño, cansancio o hambre, el juicio baja.
Los mensajes importantes, las confrontaciones directas, las réplicas fuertes, exigir disculpas o decidir si renuncias a un trabajo: déjalos para el día siguiente.
6. Elegir retirarte en vez de "ganar"
Cuando la rabia es fuerte, intentar ganar es peligroso.
No es momento de ganar, es momento de irse.
La orden interna puede ser esta:
Ahora no toca soltar el hechizo más fuerte, toca retirarse.
Si pego, mi vida se acaba.
No necesito ganar aquí.
Luego lo apunto, lo escribo y lo consulto con alguien.
Si de verdad hay peligro ahora mismo
Este es un artículo general de prevención, no un diagnóstico para alguien que está a punto de hacerle daño a otra persona.
Pero si en este momento sientes que "tú o alguien más está en peligro", antes de conversar o analizar, toma distancia.
Aléjate de la otra persona
Sal de la habitación
Aléjate de cuchillos, herramientas, objetos duros y del coche
Dile a alguien cerca: "Ahora hay peligro, me voy"
Si es una emergencia, llama al 110 (policía en Japón)
Si necesitas una ambulancia, llama al 119 (ambulancias y bomberos en Japón)
Para consultas policiales que no son urgentes, #9110 (línea de consultas de la policía en Japón)
En cuanto pienses "esto puede ponerse peligroso", puedes irte. Aunque parezca exagerado, es mucho mejor que algo irreparable.
Resumen: se llega al golpe porque desaparece el "escalón"
La violencia impulsiva no depende solo de la rabia.
Rabia
Percepción de amenaza
Falta de sueño
Alcohol
Darle vueltas
Cercanía
Objetos a mano
Justificación
El costo futuro se diluye
Cuando todo esto se junta, desaparece el escalón que separa la rabia del golpe.
Por eso la prevención no consiste en aguantar con voluntad, sino en poner más escalones.
Tomar distancia
Alejarse de objetos peligrosos
No beber
No decidir de noche
Pasar a comunicarse por escrito
No intentar ganar en el momento
Registrar y escribir lo que rumias
Dicho en una frase:
No se trata de aguantar para no pegar, sino de no crear situaciones en las que se pegue.
Eso es lo más fuerte que hay.
Está bien sentir rabia. Existen la incomodidad, el rechazo y también el enojo legítimo.
Pero en el momento en que lo conviertes en violencia, se destruye tu vida y la del otro.
Así que, en pleno momento de barra roja, toca retirarse. Investigar, ordenar, escribir y armar un esquema ya vendrá después.
Esa es la victoria.
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