Contiene spoilers del capítulo 65 del manga, publicado también en el tomo 17. Hablamos del manga, cuya trama no debe confundirse con la novela web.
Uno grita, otro pone una cara imposible y Rain decide aportar su propia dosis de caos. En Chi-Fuyo, pedir una conversación normal es casi una aventura secundaria.
Entonces llega el capítulo 65 y cambia el sabor de las bromas. Rain empezó a hacerse el gracioso porque, de niño, quería que su padre le prestara atención.
¿Perdón? ¿El pesado oficial del grupo venía con una historia de payaso triste incluida?
No buscaba un público. Buscaba a su padre.
De pequeño, Rain intentaba provocar alguna reacción en un padre poco atento. Incluso imitaba a un perro. Lo que parecía una tontería infantil se entiende de otro modo cuando descubres por qué la hacía.
No pasa nada por hacer payasadas porque te diviertes. Duele pensar en un niño que aprende que para conseguir una mirada tiene que convertirse él mismo en el espectáculo.
Es una diferencia pequeña por fuera y enorme por dentro. A veces el público al que uno quiere conquistar es una sola persona.
Lo increíble es que nadie destacaba entre tanto loco
La trampa perfecta estaba delante de nosotros. En Chi-Fuyo, los demás personajes también chillan, exageran y se comportan de forma absurda. Rain no parece una excepción; parece un vecino más de un barrio donde todos han perdido los tornillos.
El príncipe Dura distingue algo que las risas ocultan: Rain no solo hace tonterías. A veces interpreta al bromista para llegar hasta los demás.
Eso no significa que todas sus bromas sean falsas. Una costumbre nacida de la necesidad puede convertirse en parte auténtica de la personalidad. Y algunos chistes son simplemente chistes. No hace falta abrir un expediente psicológico cada vez que alguien pone cara de pez.
Su talento para romper la tensión también tiene un precio
Rain consigue acercarse a personas que arrastran pérdidas y heridas. Sus bromas pueden aflojar el nudo de una conversación que nadie sabe cómo empezar. La sinopsis oficial lo presenta precisamente como alguien que acepta con calidez a compañeros desplazados y heridos.
Pero un chiste también puede servir para esquivar una decisión seria. Hay momentos en los que un amigo necesita una respuesta de verdad, no otro número cómico.
Por eso la revelación funciona: hacer el payaso es una fuerza que lo conecta con otros y, a la vez, un hábito que puede frenarlo. No es una absolución automática de cada tontería.
Rain puede subir el poder de un arma a niveles absurdos, pero no podía sumar puntos a su propio valor ante su padre. Vaya golpe.
Lo bonito sería que siguiera riéndose, solo que ya sin tener que ganarse su sitio a base de actuaciones. Que lo quieran incluso cuando no tenga ningún chiste preparado. Y después, claro, que alguien vuelva a gritar. Seguimos en Chi-Fuyo.
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