Los fallos de los GPS de antes y la "tranquilidad por adelantado"
Tenemos el móvil. Tenemos Google Maps. Pones el destino y te guía desde donde estás. Muestra el tráfico. Te dice dónde girar. Hay Street View. Hasta puedes buscar aparcamiento.
Y aun así hay gente que, antes de un viaje, se pone a estudiar el mapa con calma y se mete el camino en la cabeza antes de salir.
Dónde girar. Por qué calles ir. En qué cruce toca girar a la derecha. Cómo es el entorno del destino. Recorren todo el trayecto en Street View. A veces salen de casa con el camino ya "visto" como si fuera un vídeo.
Siendo sinceros, para alguien que creció con el móvil en la mano, la reacción es esta:
¿No basta con usar el GPS?
Hoy basta con un toque. Durante el trayecto, que se encargue Google Maps. ¿No es un desperdicio de tiempo y de energía mental pasarte horas memorizándolo todo antes de salir?
Creo que esa reacción es totalmente natural.
Pero si lo piensas bien, esa gente no hace algo simplemente ineficiente.
Su objetivo es otro.
Nosotros miramos "lo eficientes que somos para llegar". Ellos miran "no ponerse nerviosos cuando estén allí".
Se parecen, pero son juegos distintos.
Lo que aprendieron de los GPS de coche de antes
Creo que lo más importante es lo que aprendieron a base de fallos con los GPS de coche de hace años.
El Google Maps de hoy es muy bueno. Te enseña el tráfico en tiempo real. Recalcula rápido. Tu posición se ve con claridad. Buscar el destino desde el móvil es fácil. La información de los alrededores sale al instante.
Pero los navegadores integrados de antes no eran tan fiables.
Te llevaban a la parte de atrás del destino. Te metían por calles estrechísimas. Te hacían dar un rodeo enorme. Tardaban en recalcular. Te decían "ha llegado a las inmediaciones de su destino, fin de la guía", y justo el último tramo era el más difícil de encontrar. Meter la dirección era un fastidio. Los mapas estaban desactualizados. Una y otra vez: "Dé la vuelta", "Haga un cambio de sentido".
Cuando te pasa esto unas cuantas veces, aprendes.
"Fiarte solo del GPS es peligroso." "Tienes que informarte tú también." "Sobre todo el entorno del destino hay que revisarlo antes." "Si la máquina da indicaciones raras, tienes que saber corregirla tú."
O sea, que el hábito de memorizar el camino quizá no sea una manía anticuada, sino una defensa que nació de sufrir con los navegadores de antes.
Eso es aprender de los fallos del GPS de antes.
El GPS era útil, pero una máquina de la que no podías fiarte del todo
Hoy, el GPS es un cerebro externo.
Pones el destino. Y después solo sigues las instrucciones. Te avisa cuándo girar. Si te equivocas, recalcula. Hasta vigila el tráfico por ti.
Así que no hace falta memorizar todo el camino.
Pero antes, el GPS era una "máquina útil pero poco fiable".
Te guiaba. Pero también te sacaba por caminos raros. No sabías cuál era la última entrada. Te agobiabas al llegar. El acompañante te preguntaba: "¿Seguro que es por aquí?". Y tenías que decidir mientras conducías.
Si has pasado por eso, quieres salir con el mapa ya metido en la cabeza.
Es crear una copia de seguridad dentro de ti por si el GPS se equivoca.
No es cuestión de eficiencia, sino de tranquilidad.
El sistema operativo viejo del GPS en la cabeza
Creo que esta gente, incluso en la era de Google Maps, sigue teniendo en la cabeza el viejo sistema operativo de los navegadores de coche.
El sistema operativo viejo del GPS mental.
Este sistema funciona así:
Antes de salir, mira el mapa. Memoriza dónde girar. Memoriza los nombres de las carreteras grandes. Revisa el entorno del destino. Se aprende el paisaje con Street View. Comprueba también la entrada del aparcamiento. Se prepara para corregir al GPS si da una indicación rara.
Para alguien de la generación del móvil, parece exagerado.
Pero para quien lo hace, tiene su lógica.
"Sé por dónde se va." "Sé dónde hay que girar." "No me voy a agobiar al llegar." "Si el GPS falla, puedo apañarme." "No me voy a perder delante de quien va conmigo."
Esa es la sensación de seguridad.
Es decir, parece que instalan a mano toda la ruta en plena era de Google Maps, pero para ellos es un seguro para no agobiarse al llegar.
La tranquilidad por adelantado
Si solo miras la eficiencia al llegar, memorizar el camino parece una pérdida de tiempo.
Pero para quien lo hace, es pedir prestada la tranquilidad por adelantado.
Gestiona la ansiedad antes de salir. Mira primero el entorno del destino. Memoriza dónde girar. Ve el paisaje en Street View. Hace el viaje una vez en la cabeza.
Así, la ansiedad al llegar baja un poco.
El día del viaje se reducen cosas como:
"¿Seguro que es aquí?" "¿Dónde está el aparcamiento?" "¿Dónde está la entrada?" "Me da la impresión de que el GPS me lleva a un sitio raro." "Tenía un coche pegado detrás y me despisté."
Por eso dedican tiempo a prepararse: para tener menos nervios cuando estén allí.
Eso es otra cuestión distinta de si es eficiente o no.
Para alguien como Aki, que piensa "¿no basta con dejárselo al GPS?", prepararse tanto parece gastar energía mental a mano.
Pero para la otra persona, está resolviendo la ansiedad el día anterior.
Llegar con eficiencia y no ponerse nervioso al llegar son juegos distintos.
El arte de ensayar el viaje antes de ir
Hay quien se aprende todo el camino en imágenes.
Eso ya no es tanto navegar como un arte de ensayar el viaje antes de ir.
Repasa el recorrido. Mira el paisaje en Street View. Aquí se gira. Se pasa este cruce. Cuando veas este cartel, a la derecha. Cuando veas este edificio, ya estás cerca. Se entra por este aparcamiento.
Llegados a este punto, es como haber hecho el viaje una vez en la cabeza.
Y hay a quien eso le divierte.
Le gusta mirar mapas. Le gusta planificar antes de viajar. Le gusta adelantarse al paisaje del lugar. Aprenderse el camino ya es divertido de por sí. Le encanta imaginar: "Ah, por aquí vamos a pasar".
En ese caso no es eficiencia, es una afición.
Si le divierte, perfecto.
El problema es cuando no lo hace por gusto, sino porque la ansiedad no le deja otra.
Entonces pasarse horas memorizando el camino es una carga bastante pesada.
La generación de Google Maps usa el GPS como cerebro externo
La generación del móvil usa el GPS como cerebro externo.
No memoriza el camino. Le pregunta al móvil dónde está. Deja los giros a la guía por voz. Es la aplicación la que vigila el tráfico. El entorno del destino, si hace falta, lo mira allí mismo. Si se equivoca, recalcula y listo.
Con esa mentalidad, no hace falta memorizar todo el camino.
Más bien, intentar memorizarlo es un desperdicio de energía mental.
En vez de gastar unas horas antes del viaje en aprenderte las indicaciones, es mejor dedicarlas al equipaje, a cómo te encuentras, a las tiendas que quieres visitar, a los descansos y a lo que quieres hacer allí.
Por eso, para la generación de Google Maps, memorizar la ruta entera resulta bastante extraño.
Creo que no es solo cuestión de edad, sino de dónde pones la guía del camino.
Los de antes la guardan en su cabeza. Los de ahora la externalizan al móvil.
Almacenamiento local en el cerebro o cerebro externo en la nube.
Esa es la diferencia.
Eso sí, dejarlo todo en manos del GPS también tiene su pega
Dicho esto, dejarlo todo al GPS tampoco es lo ideal.
Depender demasiado del GPS puede debilitar tu orientación espacial y tu memoria de los caminos.
Además, hay estudios que muestran que quienes más usan el GPS rinden peor en memoria espacial y en orientarse por sí mismos cuando no lo tienen.
Y si solo recibes indicaciones giro a giro, puede que dejes de fijarte en el terreno y los puntos de referencia de alrededor. En cambio, las indicaciones basadas en puntos de referencia y repasar la ruta de antemano pueden ayudar a construir conocimiento espacial.
Por eso mirar el mapa no tiene nada de malo.
La cuestión es hasta dónde llegar.
Echar un vistazo al entorno del destino. Comprobar la entrada del aparcamiento. Comprobar el último giro. Mirar solo las bifurcaciones donde es fácil perderse.
Eso es bastante razonable.
Pero pasarse horas memorizando en vídeo todo el trayecto, si lo que buscas es eficiencia, es pasarse.
La mejor opción hoy: "mirar solo el final"
La mejor opción hoy está probablemente en un punto medio.
Puedes dejarlo todo al GPS. Pero si es un sitio al que vas por primera vez, echa un vistazo al final del recorrido.
Lo que conviene mirar no es todo el camino.
- El entorno del destino
- La entrada del aparcamiento
- El último giro
- Los sitios donde haya que cambiar de carril
- La salida de la autopista
- La entrada del recinto
- Los lugares donde el GPS podría llevarte por la parte de atrás
- Carreteras de montaña, caminos estrechos y otros sitios donde un error sale caro
Con eso basta.
Dedica entre 5 y 10 minutos a revisarlo.
Así aprovechas lo mejor del Google Maps actual y, a la vez, cubres lo aprendido con los fallos de los GPS de antes.
No te aprendas todo el camino. Mira solo el entorno del destino, el aparcamiento y el último giro.
Es lo que mejor relación esfuerzo-resultado tiene.
Memorizarlo todo, como afición, vale; como eficiencia, es pasarse
En conclusión, lo que hace quien memoriza todo el camino antes de un viaje se valora según su objetivo.
Si le gustan los mapas y disfruta del ensayo previo, está genial.
Eso es una afición.
Pero si el único objetivo es no perderse, hoy en día aprenderse todo puede ser excesivo.
Google Maps es muy potente. Te guía en tiempo real. Si te equivocas, recalcula. Y en el lugar también puedes ver Street View.
Por eso la necesidad de meterlo todo en la cabeza ha bajado mucho.
Instalar a mano la ruta completa puede darte tranquilidad. Pero gasta mucho tiempo y mucha energía mental.
Si prepararlo te divierte, bien. Si no, puedes recortarlo.
Resumen: esa persona no memoriza el camino, resuelve su ansiedad por adelantado
En la era del móvil, ¿qué hace la gente que memoriza todo el camino antes de viajar?
Probablemente no solo memorizar el camino.
Tienen la lección de haber sufrido con los GPS de antes. No pueden fiarse del todo del GPS. No quieren agobiarse al llegar. No quieren perderse delante de quien va con ellos. Quieren tener la visión de conjunto para quedarse tranquilos. Quieren hacer el viaje una vez en la cabeza antes de salir.
Es decir, parece que memorizan el camino, pero en realidad están resolviendo la ansiedad por adelantado.
Eso se entiende.
Aun así, hoy la necesidad de memorizarlo todo ha bajado mucho.
Instalar la ruta entera a mano en la cabeza en plena era de Google Maps es, mirando solo la eficiencia, bastante pesado.
La mejor opción hoy es esta:
No te aprendas todo el camino. Mira solo el entorno del destino, el aparcamiento y el último giro.
Creo que con eso es suficiente.
Más allá de eso, o es tranquilidad pedida por adelantado, o es un arte de ensayar el viaje, o es gastar energía mental a mano.
Si lo disfrutas, está bien como afición.
Pero si llevas horas haciéndolo solo por ansiedad, puedes ir pasándole el trabajo poco a poco al GPS.
Con solo pasar del viejo sistema operativo del GPS mental al cerebro externo de Google Maps, el cansancio previo al viaje baja bastante.

