Llegas a un alojamiento nuevo. Hay una silla perfectamente útil, pero una persona no consigue quedarse sentada.
Mira la ventana, el baño y el pasillo. Deja la mochila, vuelve a levantarse, da una vuelta por la habitación y, al rato, otra más.
Desde fuera, la escena recuerda bastante a un perro explorando una casa nueva.
Es fácil bromear con que está “marcando territorio”. Pero, mientras no empiece a dejar marcas de olor en las esquinas, suele haber una explicación más sencilla: está reuniendo información sobre un lugar desconocido y buscando señales suficientes para sentirse seguro.
1. Respuesta en 5 segundos: menos “territorio” y más “exploración + vigilancia + inquietud”
Los perros pueden caminar repetidamente, girar, rascar o mostrar otras conductas repetitivas cuando están estresados, frustrados o muy activados. La literatura veterinaria describe algunas de ellas como conductas de desplazamiento que pueden aparecer durante estados de tensión.[1]
Pero caminar de un lado a otro no tiene un solo significado. Un perro también puede estar buscando un lugar más fresco, investigando un olor o un sonido, necesitando hacer sus necesidades, queriendo actividad o sintiéndose mal.
Los humanos también se levantan y caminan cuando están inquietos. Eso no significa que perros y personas funcionen mediante un mecanismo biológico idéntico. La similitud útil es más limitada: cuando falta información sobre el entorno, moverse por él puede ser una forma de obtenerla.
Perro: sitio nuevo, voy a revisar.
Humano: sitio nuevo, voy a revisar.
Visualmente, la diferencia no es enorme.
2. Por qué se nota especialmente al pasar la noche fuera
En casa hay decenas de preguntas que ya no requieren pensamiento consciente: dónde está el baño, qué ruidos aparecen de noche, dónde están los interruptores, qué asiento resulta cómodo y qué hay detrás de cada puerta.
En una habitación nueva, ese mapa automático desaparece.
La investigación del sueño describe un fenómeno llamado “efecto de la primera noche”: el sueño suele cambiar durante la primera noche en un entorno nuevo. Un metaanálisis de 2022 reunió 53 estudios y 1.422 participantes sanos y encontró que, en comparación con la segunda noche, la primera tendía a presentar mayor tiempo para dormirse, más vigilia después de conciliar el sueño y menor duración y eficiencia del sueño.[2]
Un estudio de 2024 también observó cambios en el inicio del sueño, los despertares y el tiempo total de sueño durante la primera noche.[3]
Un estudio de 2016 propuso que ciertas regiones cerebrales podían permanecer más vigilantes ante sonidos extraños durante la primera noche en un entorno nuevo.[4] Sin embargo, trabajos posteriores no han mostrado un patrón hemisférico totalmente consistente, por lo que el mecanismo exacto sigue abierto.[3]
La conclusión prudente no es “medio cerebro se convierte en guardia nocturno”, sino que los humanos no siempre entramos de inmediato en modo descanso total cuando cambia el entorno.
3. ¿Y si la misma persona también se siente incómoda en un lugar elegante o muy formal?
Imaginemos a alguien que se muestra claramente incómodo en un bar formal y caro y que, otro día, camina sin parar por un alojamiento desconocido.
Es razonable pensar que ambas situaciones comparten un ingrediente: la falta de familiaridad.
En un lugar formal, la incertidumbre es social: cuánto hablar, cómo vestir, qué pedir, cómo comportarse y cómo lo perciben los demás.
En un alojamiento nuevo, la incertidumbre es física: dónde está la salida, qué es ese ruido, dónde dormir y dónde dejar las cosas.
El contenido cambia, pero el problema se parece: el piloto automático habitual no funciona.
Dos anécdotas no permiten diagnosticar personalidad ni trastornos. Pero describir a esa persona como alguien que se activa más cuando el lugar o sus reglas son desconocidos sí es una hipótesis coherente.
4. ¿Qué puede hacer la persona? Dejar que ocurra una primera exploración
Decir “relájate” sirve de poco si el cerebro todavía siente que le falta información básica.
Una estrategia práctica es realizar una inspección deliberada al llegar.
Revisar baño, ducha, entrada, zona de dormir, ventanas, enchufes, agua y lugar para el equipaje.
Después, crear una base: dejar la mochila, cargar el teléfono, poner una bebida cerca, cambiarse de ropa y colocar objetos familiares a la vista.
En otras palabras, instalar una pequeña versión de casa dentro de la habitación desconocida.
Con los perros suele recomendarse llevar una cama, manta o juguete familiar cuando cambian de entorno. En humanos no hablamos de una ciencia idéntica, pero la idea práctica se parece: las señales familiares reducen la cantidad de incertidumbre que hay que procesar.
5. ¿Entonces hay que “explorar todo lo que quieras”? Una vuelta sí; comprobaciones infinitas, no
No hace falta impedir los primeros minutos de exploración.
El problema cambia cuando aparece un bucle:
“Ya comprobé la cerradura.”
“Pero sigo intranquilo.”
“Voy a comprobar otra vez.”
“Una vez más, por si acaso.”
La investigación sobre ansiedad ha estudiado las llamadas “conductas de seguridad”: acciones destinadas a reducir la ansiedad que, en ciertas situaciones, pueden mantenerla si impiden aprender que uno puede afrontar la situación sin comprobar constantemente.[5]
Eso no convierte una revisión normal de la habitación en una enfermedad. Solo marca una frontera útil.
Explorar → crear un mapa mental → montar una base → empezar una actividad normal.
No hace falta patrullar treinta veces el pasillo del hotel como si fuera un videojuego de mundo abierto.
6. ¿Qué pueden hacer los demás?
Repetir “siéntate” o “cálmate” puede hacer que la persona preste todavía más atención al hecho de que no está calmada.
A veces funciona mejor reducir la incertidumbre: “El baño está ahí.” “La salida es por aquí.” “Puedes dejar la mochila aquí.” “Si quieres, echa un vistazo primero.”
Cuando vuelva, empezar algo normal: beber, comer, jugar, conversar o ver algo. Así se cambia del modo “inspeccionar el entorno” al modo “vivir en él”.
Decir “pareces un perro” depende de la confianza.
Pensarlo en silencio es gratis.
Acariciarle la cabeza y decir “muy bien, has explorado todo” ya es pasarse claramente al lado canino.
7. ¿Puede ser realmente conducta territorial?
Los perros sí utilizan la orina y otras señales olorosas para comunicar información social. Por eso, caminar y realizar pequeñas micciones repetidas puede incluir marcaje.
Pero caminar por sí solo no equivale automáticamente a conducta territorial.
En humanos es aún más evidente. Recorrer una habitación de hotel, mirar la ventana y la cama y localizar el baño no suele ser una declaración de soberanía.
Si una persona empieza a marcar con olor las cuatro esquinas, el documento relevante deja de ser un artículo de conducta: pasa a ser el reglamento del hotel.
8. Cuándo no conviene reducirlo a una exploración normal
En perros, girar persistentemente en una sola dirección, no poder detenerse durante mucho tiempo, un inicio repentino, respuestas anormales, jadeo intenso, temblores, vómitos u otros síntomas pueden señalar algo más que adaptación y merecen valoración veterinaria.[1]
En humanos, conviene considerar ayuda profesional si los lugares desconocidos provocan siempre un sufrimiento intenso, las comprobaciones duran horas, el sueño queda alterado durante días o el problema empieza a limitar trabajo, viajes o vida diaria.
Este artículo se centra principalmente en la situación mucho más común de alguien que funciona con normalidad pero se muestra temporalmente inquieto en un lugar nuevo.
Conclusión: los humanos también patrullamos bastante como perros
Ver a alguien caminar por una habitación nueva y pensar “parece un perro inspeccionando una casa nueva” no es una observación tan mala.
La versión más precisa no es “está reclamando territorio”, sino:
explorar el lugar desconocido → comprobar que es seguro → crear una base propia → por fin relajarse.
El perro comprueba olores.
El humano comprueba baño, enchufes, ventanas y Wi‑Fi.
La civilización cambió el equipo.
La patrulla sigue siendo sorprendentemente reconocible.
- Merck Veterinary Manual. “Behavior Problems of Dogs.” Stress displacement behaviors may include spinning and pacing, and persistent repetitive behavior can also have medical or neurologic causes merckvetmanual.com
- Ding L, Chen B, Dai Y, Li Y. (2022). “A meta-analysis of the first-night effect in healthy individuals for the full age spectrum.” Sleep Medicine, 89, 159–165. PMID: 34998093 pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Wick AZ, Combertaldi SL, Rasch B. (2024). “The first-night effect of sleep occurs over nonconsecutive nights in unfamiliar and familiar environments.” SLEEP, 47(10), zsae179. PMCID: PMC11467056 pmc.ncbi.nlm.nih.gov
- Tamaki M, Bang JW, Watanabe T, Sasaki Y. (2016). “Night Watch in One Brain Hemisphere during Sleep Associated with the First-Night Effect in Humans.” Current Biology, 26(9), 1190–1194. PMID: 27112296 pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
- Helbig-Lang S, Petermann F. (2010). “Tolerate or Eliminate? A Systematic Review on the Effects of Safety Behavior Across Anxiety Disorders.” Clinical Psychology: Science and Practice, 17, 218–233 onlinelibrary.wiley.com

