Cuando «entiendo cómo te sientes» produce el efecto contrario

«Entiendo cómo te sientes» suele parecer una frase útil. No niega a la otra persona, reconoce lo que está viviendo y puede rebajar la tensión.

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En algunas conversaciones laborales conviene reconocer el asunto sin interpretar la emoción

«Entiendo cómo te sientes» suele parecer una frase útil. No niega a la otra persona, reconoce lo que está viviendo y puede rebajar la tensión.

En una pareja, una amistad o una relación cercana, ese tipo de empatía puede ayudar mucho. Si alguien cuenta que está ansioso o frustrado y recibe un «eso tuvo que ser duro» o «entiendo que te hayas sentido así», puede sentir que lo han escuchado.

En el trabajo, sin embargo, la misma frase a veces se recibe de otra manera. Hay superiores que protegen mucho su imagen de seguridad y prefieren no hablar de su mundo interior. Tú intentas mostrar empatía, pero la otra persona puede oír algo parecido a esto:

  • «Un subordinado cree que me ha calado.»
  • «Está interpretando lo que pienso.»
  • «Me está evaluando.»

En ese caso, la empatía puede sentirse más como intromisión que como apoyo. Por eso, con algunas personas es más seguro reconocer el asunto laboral que está sobre la mesa en lugar de poner nombre a sus emociones.

En este artículo llamo en broma «modo Shōwa» a un estilo laboral japonés anticuado que valora parecer fuerte, no mostrar dudas y proteger mucho la propia posición. Shōwa es el nombre de una era histórica de Japón; aquí no describe una edad ni una generación. Una persona joven puede comunicarse así y una persona mayor puede ser abierta y flexible.

La empatía funciona con unas personas y no con otras

La empatía no es una herramienta universal.

Cuando alguien busca compartir emociones, puede ser muy potente. En una relación cercana, escuchar «te entiendo», «no te estoy rechazando» o «lo que sientes tiene sentido» puede generar seguridad y profundizar la relación.

La situación cambia cuando una persona se protege con reglas internas como estas:

  • Tengo que parecer fuerte.
  • No puedo parecer indeciso.
  • No debo mostrar vulnerabilidad.
  • No quiero parecer alguien que necesita ayuda.
  • No quiero que un subordinado interprete mi estado interior.

Entonces una frase como «entiendo que quiere ayudar» puede caer mal. La intención era reconocer una buena voluntad, pero la otra persona puede sentir que alguien está definiendo sus motivos sin permiso.

La empatía se parece, en este sentido, a tocar dentro de la armadura. A quien quiere abrirse puede darle alivio. A quien necesita mantener esa armadura, puede ponerlo a la defensiva.

El «modo Shōwa» describe una forma de protegerse, no una edad

En esta forma de comunicación, la seguridad visible puede funcionar como protección. La lógica interna sería algo así:

  • Si parezco débil, pierdo.
  • Si se nota que dudo, pierdo.
  • Si se nota que estoy preocupado, pierdo.
  • Si se ve que estoy teniendo consideración con alguien, pierdo.
  • Si se ve que quiero ayudar pero no asumir toda la responsabilidad, pierdo.
  • Si un subordinado entiende demasiado bien lo que me pasa, pierdo.

Por eso la persona adopta una postura firme. Habla de experiencia, de carga de trabajo, de situaciones difíciles y de circunstancias que existen «arriba». Puede insistir en que las cosas no se resuelven solo con lógica.

Esa forma de protegerse no tiene por qué venir de mala intención. Puede ser un comportamiento aprendido durante años de trabajo.

El problema aparece cuando alguien señala directamente lo que cree que hay detrás:

  • «En realidad está preocupado, ¿verdad?»
  • «Quiere ayudar a la otra parte, ¿no?»
  • «Le cuesta asumir esa responsabilidad, ¿verdad?»

En una relación de confianza, esas frases pueden sentirse como comprensión. Ante una persona muy defensiva, pueden sonar como «este subordinado cree que sabe lo que pienso».

Mejor «he entendido el punto» que «entiendo cómo se siente»

En el trabajo se puede evitar ese choque tratando solo lo que ya se ha planteado.

La regla práctica es:

  • no interpretar la psicología de la otra persona;
  • no poner nombre a sus sentimientos por ella;
  • no evaluar sus motivos;
  • reconocer únicamente el asunto de trabajo.

Imaginemos que se está hablando de apoyar al equipo interno de sistemas informáticos de la empresa.

Una respuesta más arriesgada sería:

«Entiendo que quiera ayudar al equipo de sistemas.»

La frase define una intención interna.

Una opción más segura sería:

«He entendido que hay que valorar cómo apoyar al equipo de sistemas.»

Y una todavía más neutra:

«He entendido el punto sobre cómo explicar esto al equipo de sistemas.»

Después se devuelve la frontera de responsabilidad:

«Si nuestro departamento no tiene una necesidad adicional clara, creo que es razonable no presentar una solicitud esta vez.»

«Si la presentamos, la justificación que puede aportar nuestro departamento debería limitarse a mejoras de eficiencia o facilidad de trabajo.»

«La finalidad general de la iniciativa y su relación entre coste y beneficio debería organizarla el departamento que la impulsa.»

Así se procesa el asunto sin intentar explicar a la otra persona qué siente.

Una respuesta administrativa reduce la necesidad de defenderse

Responder de manera administrativa no significa ser frío.

Significa no entrar en el mundo interior de la otra persona cuando no hace falta. En vez de señalar sentimientos, se trabajan preguntas concretas:

  • ¿De qué estamos hablando exactamente?
  • ¿Quién es responsable?
  • ¿Qué se va a hacer?
  • ¿Qué no se va a hacer?
  • ¿Hasta dónde llega la responsabilidad de nuestro departamento?
  • ¿A partir de qué punto corresponde al departamento que impulsa la iniciativa?
  • ¿Quién toma la decisión final?

Cuando la conversación se queda ahí, es menos probable que alguien sienta que lo están analizando. Y tú tampoco tienes que entrar en una discusión emocional.

Como forma de protección laboral, es bastante eficaz.

La empatía se usa de forma distinta según la apertura de la otra persona

La empatía sigue siendo importante. Lo que cambia es el momento y la persona.

Con alguien que quiere compartir emociones, frases como estas pueden ayudar:

  • «Eso debió de darte mucha inseguridad.»
  • «Entiendo que lo hayas vivido así.»
  • «Se nota que lo estabas pensando con cuidado.»

Con un superior muy defensivo, en cambio, puede ser más prudente no verbalizar lo que creemos que ocurre en su interior.

Por eso conviene separar modos de comunicación:

  • con quien busca compartir emociones, empatía;
  • con quien está en modo defensivo, tratamiento del asunto;
  • con quien protege mucho su imagen, lenguaje profesional y concreto;
  • cuando la responsabilidad está borrosa, requisitos y límites de responsabilidad.

No es menos comprensión. Es una forma distinta de expresarla.

«Lo entiendo» no significa lo mismo para todos

Incluso «lo entiendo» puede cambiar de significado según quién lo escuche.

Para una persona abierta emocionalmente puede significar «me ha comprendido».

Para otra puede sonar a «me está analizando», «cree que sabe lo que pienso» o «me está evaluando».

Por eso, en el trabajo, a veces es más seguro decir «he tomado nota» o «he entendido ese punto» que «entiendo sus sentimientos».

En vez de:

«Entiendo cómo se siente.»

puede funcionar mejor:

«He entendido ese punto.»

En vez de:

«Entiendo que quiera ayudar.»

puede ser más seguro:

«He entendido que puede ser necesario dar apoyo.»

En vez de:

«Entiendo su ansiedad.»

puede bastar con:

«He tomado nota de esa preocupación.»

No se trata de negarse a comprender a la otra persona. Se trata de cambiar la forma de responder.

No leas la psicología en voz alta: devuelve la frontera de responsabilidad

A veces la estructura parece bastante clara. Puede parecer que una persona está recibiendo presión desde arriba, que quiere proteger a otra parte, que no quiere asumir una decisión o que intenta trasladar hacia abajo la obligación de explicar algo.

Aunque lo veas, no hace falta decirlo.

Lo útil es devolver la frontera de responsabilidad:

«Si nuestro departamento no tiene una necesidad clara, creo que podemos decidir no presentar la solicitud esta vez.»

«Si tenemos que redactar una razón, la parte que corresponde a nuestro departamento sería la mejora de eficiencia o de la facilidad de trabajo.»

«La explicación del objetivo general de la iniciativa corresponde al departamento que la impulsa.»

«Si no está claro quién decide, sería mejor confirmarlo antes de continuar.»

Eso basta. No necesitas explicar la mente de nadie para aclarar el trabajo.

El problema de «quiero ayudar, pero la responsabilidad sigue sin estar definida»

En las organizaciones aparece a menudo una combinación incómoda: alguien quiere ayudar, proteger a otra parte, evitar un conflicto o conseguir que un asunto salga adelante, pero la responsabilidad sigue sin estar clara.

La intención puede ser buena. Aun así, la falta de definición puede crear problemas.

El patrón puede ser este:

  1. Quiero ayudar.
  2. Pero no decido yo.
  3. Tampoco asumo toda la explicación.
  4. El equipo operativo termina redactando una justificación.
  5. Desde arriba llegan preguntas.
  6. Nadie sabe quién debía responder por la decisión.
  7. El asunto queda a medias y el equipo operativo se queda con el problema.

Lo difícil es precisamente la mezcla de buena voluntad y responsabilidad borrosa.

Por eso, en vez de decir «usted quiere ayudar, ¿verdad?», es más útil decir:

«He entendido que hay que contemplar el apoyo a la otra parte.»

Y después decidir quién se hace cargo de qué.

Quien necesita parecer fuerte puede reaccionar mal si le señalan una debilidad

Si la apariencia de fortaleza funciona como armadura, que otra persona diga «está preocupado», «está confundido» o «le cuesta asumir esto» puede sentirse como una exposición innecesaria.

Por eso, aunque percibas una vulnerabilidad, en el trabajo no siempre conviene nombrarla.

Mira los papeles que hay sobre la mesa, no lo que imaginas dentro de la armadura.

  • En vez de psicología, trata el asunto.
  • En vez de sentimientos, trata requisitos.
  • En vez de una interpretación de la preocupación, identifica el punto concreto.
  • En vez de interpretar una duda, aclara quién decide.

Esa distancia puede proteger a ambas partes.

Una forma más actual de trabajar es adaptar la respuesta al contexto

La alternativa no consiste en decir en voz alta todo lo que uno cree haber entendido.

Puedes percibir presión jerárquica, responsabilidad mal definida o el intento de ayudar a otra parte. La cuestión es qué haces con esa lectura.

En una relación íntima quizá convenga verbalizar una emoción. Con un jefe muy defensivo quizá sea mejor no hacerlo. En el trabajo puede ser suficiente devolver el asunto, la responsabilidad y las condiciones de ejecución.

Así, la respuesta cambia según el contexto:

  • con una persona que busca comprensión emocional, verbaliza empatía;
  • con un superior defensivo, no le expliques su propia psicología;
  • en una tarea laboral, devuelve puntos concretos, requisitos y límites;
  • si hay buena voluntad pero no una responsabilidad formal, no conviertas esa buena voluntad en una obligación improvisada para el equipo;
  • si algo está indefinido, conviértelo en condiciones y preguntas que puedan resolverse.

Eso no es frialdad. Es adaptar la comunicación para que el trabajo avance sin activar defensas innecesarias.

Frases prácticas para no meterse en la mente del otro

No interpretes el sentimiento

Más arriesgado:

«Entiendo que quiera ayudar.»

Más seguro:

«He entendido que puede ser necesario dar apoyo.»

No lo llames ansiedad si no hace falta

Más arriesgado:

«Está preocupado, ¿verdad?»

Más seguro:

«He tomado nota de ese punto de preocupación.»

No lo llames indecisión

Más arriesgado:

«No sabe qué decidir, ¿verdad?»

Más seguro:

«Parece conveniente confirmar primero el criterio de decisión.»

No acuses de evitar la responsabilidad

Más arriesgado:

«No quiere asumir la responsabilidad, ¿verdad?»

Más seguro:

«Sería conveniente confirmar hasta dónde llega la responsabilidad de nuestro departamento.»

No definas por tu cuenta una buena intención

Más arriesgado:

«Quiere proteger a la otra parte, ¿verdad?»

Más seguro:

«He entendido que hay que tener en cuenta cómo se explicará esto a la otra parte.»

Prepárate para cambios posteriores sin acusar de improvisación

Más arriesgado:

«Esto va a cambiar después, ¿verdad?»

Más seguro:

«Sería más seguro acordar primero las condiciones de finalización.»

El patrón es el mismo: no describas la mente. Convierte lo que ves en condiciones de trabajo, criterios de decisión y fronteras de responsabilidad.

Aunque hayas entendido a la otra persona, no hace falta demostrar que la has calado

Quien detecta rápido las estructuras humanas puede creer que ve con claridad qué está ocurriendo: preocupación, presión desde arriba, deseo de proteger a alguien, rechazo a asumir una decisión o una tarea todavía mal definida.

Puede que alguna lectura sea acertada. Pero acertar no convierte automáticamente en útil decirla en voz alta.

Mostrar que has «calado» a alguien puede tocar directamente su orgullo, sobre todo si existe diferencia jerárquica y la otra persona protege mucho su imagen.

En esos casos, la respuesta puede ser casi aburridamente administrativa:

  • «De acuerdo.»
  • «Lo confirmaré.»
  • «Responderé dentro de este alcance.»
  • «Conviene confirmar quién toma la decisión.»
  • «Como departamento, creo que podemos decidir no solicitarlo esta vez.»
  • «La explicación de la iniciativa general corresponde al departamento que la impulsa.»

Tramita el asunto con calma. No hace falta entrar en el mundo interior de la otra persona para resolver un documento.

A veces, esa es precisamente la opción más segura.

Conclusión: la empatía es potente, pero no se usa igual con todo el mundo

La empatía importa, pero no es universal.

Para una persona, «entiendo cómo te sientes» puede significar «me han comprendido». Para otra, puede significar «me están analizando».

En relaciones cercanas, verbalizar sentimientos puede reforzar la confianza. En el trabajo, con una persona muy defensiva, interpretar su interior puede activar justo la reacción que querías evitar.

Por eso conviene separar:

  • si la otra persona busca compartir emociones, usa empatía;
  • si está en modo defensivo, no señales lo que crees que hay debajo;
  • si el problema es laboral, procesa el asunto;
  • si la responsabilidad es ambigua, devuelve requisitos y fronteras;
  • aunque entiendas lo que ocurre, no necesitas demostrar que has leído a la otra persona.

En vez de «entiendo cómo se siente», puede bastar con «he entendido ese punto».

En vez de «usted quiere ayudar», puede bastar con «he entendido que hay que contemplar apoyo».

En vez de «está preocupado», puede bastar con «he tomado nota de esa preocupación».

No interpretar la psicología en voz alta y procesar el asunto no es frialdad. Es una técnica práctica para reducir defensas, aclarar responsabilidades y evitar que una tarea mal definida termine cayendo sobre quien no debía asumirla.

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  • Attached (edición en inglés)

    Amir Levine / Jeremy P. Tarcher / 2010

    Un libro sobre relaciones, el campo de este artículo.

  • The seven principles for making marriage work (edición en inglés)

    John Mordechai Gottman, Nan Silver / Crown Publishers / 1999

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