El profesor que pasó tres horas y media descifrando una redacción escrita con runas: el cariño escondido tras “la próxima vez, escribe normal”

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A primera vista, la hoja parece un fragmento de hechizo recuperado de una excavación arqueológica.

Está llena de símbolos extraños. Encima aparecen letras romanas escritas con bolígrafo rojo. Abajo hay un comentario del profesor y un sello de personaje simpático.

Y cuando se descifra, resulta que el contenido es una redacción completamente seria sobre la pandemia de COVID-19.

La estructura es casi una comedia perfecta:

Envoltorio: manuscrito de apariencia rúnica
Contenido: reflexión sincera sobre el valor de la vida cotidiana
Corrector: un profesor tutor que, por alguna razón, completó tres horas y media de descifrado

Lo que hace memorable la historia no es sólo el chiste. En la respuesta del profesor hay una forma peculiar de cuidado.

1. Qué ocurrió

En junio de 2020 se difundieron ampliamente en Japón unas fotos de una redacción escolar escrita con runas y de la hoja llena de anotaciones rojas hechas por el profesor al descifrarla.[1]

Según la cobertura de la época, la consigna permitía escribir en algo distinto del japonés. El alumno llevó esa libertad al extremo y utilizó signos rúnicos asociados a letras latinas. En vez de devolver el trabajo sin más, el profesor separó símbolos, escribió las letras romanas correspondientes y reconstruyó el texto. Según se informó, tardó unas tres horas y media.[1]

El mensaje final, resumido, venía a decir:

  • el contenido era bueno;
  • la próxima vez, escribe de forma normal;
  • el sello de “buen trabajo” era para felicitarse a sí mismo por haber terminado el descifrado;
  • y alguien debería pagarle las horas extra.

Eso ya no parece corrección de deberes. Parece el informe final de una unidad de criptoanálisis.

2. No era una redacción “en nórdico antiguo”

Ser precisos lo hace aún más divertido.

Las runas son sistemas de escritura históricos utilizados para lenguas germánicas. El Futhark antiguo tiene 24 signos, y su nombre procede de los valores fonéticos de las seis primeras runas.[2]

Pero el alumno no tradujo el japonés a una lengua escandinava antigua.

El proceso era más bien:

japonés → romanización → sustitución por runas

Desde el punto de vista criptográfico, se parece más a una sustitución simple que a un cifrado sofisticado. Con una tabla de correspondencias puede revertirse.

El problema real es el trabajo.

Descifrar una página manuscrita completa implica emparejar signo por signo, detectar separaciones entre palabras y reconstruir el japonés. El principio es sencillo; la carga de trabajo, no.

3. Que el contenido sea serio es lo que lo hace todavía más gracioso

La parte descifrada no es una broma.

En el texto visible, el alumno habla de no olvidar la crisis mundial causada por un virus diminuto, de valorar la vida cotidiana, de desear la recuperación de las personas infectadas, de recordar a quienes murieron y de esperar el regreso de los días normales con amigos y profesores.

La fórmula real es:

máximo caos en el formato; máxima seriedad en el contenido.

Eso hace difícil que el profesor abandone a mitad y diga simplemente: “Basta, repítelo.”

Al final del rompecabezas sí hay una redacción de verdad.

4. “Escribe normal” funciona como remate, no como rechazo

El profesor podría haber exigido una nueva versión desde el primer momento.

Pero primero la leyó entera.

Después llegó el equivalente a: “La próxima vez, escribe normal.”

Esa diferencia importa.

No es permisividad infinita. El profesor deja claro que el formato creó una carga absurda.

Acepta el juego y también marca el límite.

Por eso el comentario parece menos un sermón y más una devolución de pelota.

El alumno lanza a toda velocidad la pregunta “¿qué pasa si entrego esto con runas?”. El profesor pasa tres horas y media persiguiendo la pelota, la recupera y responde: “La atrapé. La próxima vez usa una pelota normal.”

Es lógico que algo así quede grabado.

5. El sello de personaje aporta una pequeña dosis de vida escolar cotidiana

En la parte inferior aparece un sello tipo “buen trabajo” con un personaje.

La foto no permite saber el producto exacto, el personaje favorito del profesor ni por qué lo compró. No hay que inventar esa biografía.

Sin embargo, los sellos de evaluación con personajes dirigidos a escuelas y docentes existen como categoría comercial. Actualmente se venden incluso sellos de Pokémon pensados específicamente para uso escolar y docente.[3]

Así que no es una interpretación absurda imaginar:

“A los alumnos les gustan estos personajes. Quizá les haga un poco de ilusión ver el sello en su trabajo.”

Es una interpretación, no un hecho comprobado.

Pero imaginar un pequeño sello de “buen trabajo” guardado en el cajón del escritorio del profesor añade una temperatura muy humana a la escena.

Y esta vez el profesor prácticamente se lo puso a sí mismo.

Perfecto.

6. Por qué esto se siente como “cariño”

No hablamos de amor romántico.

Se parece más a pagar un coste real para tomarse en serio la tontería de otra persona.

La respuesta eficiente estaba disponible:

“No puedo leer esto. Rehazlo.”

El profesor no eligió esa opción.

Invirtió tiempo, entendió el contenido, marcó la hoja y devolvió el chiste con otro chiste.

El tiempo es una señal muy clara. Puede leerse como: “Lo que hiciste llegó realmente hasta mí.”

Pero eso no significa que cuidar equivalga a trabajar gratis sin límite.

Nadie debería concluir que un buen profesor tiene que dedicar tres horas y media a cada broma estudiantil.

La gracia está en la secuencia completa:

Te seguí el juego. Me reí. También fue una pesadilla. La próxima vez, escribe normal.

7. La investigación también dice que la relación no es un accesorio menor

Una imagen viral no permite diagnosticar científicamente la relación entre un profesor concreto y un alumno concreto.

Pero existe una enorme literatura sobre la importancia de las relaciones entre profesores y estudiantes.

Un metaanálisis de segundo orden publicado en 2025 sintetizó 26 metaanálisis y aproximadamente 2,64 millones de alumnos desde preescolar hasta K-12. Encontró asociaciones significativas entre las relaciones profesor-alumno y grupos de resultados como rendimiento académico, emociones académicas, conducta, funciones ejecutivas y autocontrol, motivación, pertenencia y participación escolar, y bienestar.[4]

Eso no significa que “descifrar runas mejore las notas”.

Significa que el entorno relacional —sentirse visto, apoyado y conectado con los docentes— no es mero adorno.

Con el humor ocurre algo parecido. Una revisión de 2025 concluyó que el humor educativo puede afectar atención, motivación, emoción, relaciones y aprendizaje, pero que su efecto depende mucho de su relevancia y adecuación. El humor agresivo o inapropiado puede ser contraproducente.[5]

Un estudio de 2023 con 367 estudiantes también halló que el humor relacionado con el curso percibido se asociaba positivamente con la calidad de la relación profesor-alumno y la participación estudiantil. Al tratarse de un diseño observacional, no demuestra causalidad directa.[6]

La investigación no puede ponerle a este profesor un sello científico de “cariñoso”.

Pero sí muestra que relación y humor no son ruido irrelevante alrededor de la educación.

8. Lo bueno no es “un profesor que permite todo”

Sería un error resumir la historia como “los buenos profesores dejan a los alumnos hacer lo que quieran”.

El profesor estuvo realmente molesto.

Perdió horas.

Dijo claramente que la próxima vez había que escribir normal.

Y hasta hizo visible el coste con el chiste de las horas extra.

Precisamente por eso funciona.

Absorber toda carga en silencio no es lo mismo que acompañar una broma y después decir: “Esto fue demasiado.”

La respuesta contiene tres cosas al mismo tiempo:

aceptación, humor y límite.

Probablemente ahí está buena parte de eso que sentimos como cariño.

9. Conclusión: el formato merece una reprimenda; el intercambio merece un lugar en la memoria

El alumno encontró una rendija en la consigna y corrió directamente hacia las runas.

El profesor podía tomar el camino corto: “Rehazlo.”

En cambio, por alguna razón, lo siguió durante tres horas y media dentro del laberinto.

Al final del laberinto había una redacción bastante buena.

El profesor la leyó.

Después pidió que la próxima vez se escribiera normal.

Y casi se puso a sí mismo el sello de “buen trabajo”.

El alumno se comprometió al cien por cien con la broma; el adulto se comprometió al cien por cien con recibirla; y el adulto ganó el último remate.

No es un método educativo eficiente.

No debe convertirse en una expectativa laboral habitual.

Pero como interacción única, es potentísima.

La próxima vez, escribe normal.

Esta vez, sin embargo, probablemente ambos fabricaron un recuerdo para toda la vida.


  1. grape (2020) grapee.jp
  2. Store norske leksikon, “runer” / “futhark snl.no
  3. Tienda oficial Kodomo no Kao, sellos Pokémon para escuela/docentes stampripple.com
  4. Emslander et al. (2025) pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  5. Zhou & Lee (2025) pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
  6. Lu'mu et al. (2023) pubmed.ncbi.nlm.nih.gov

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