Hay trabajos cuyo valor está en repetir siempre los mismos pasos sin desviarte: el trabajo en una fábrica, la inspección de productos, la captura de datos, la limpieza.
Y hay otros, como planificar, investigar, mejorar procesos, escribir artículos o programar, en los que cada vez haces algo distinto, pero siempre avanzas hacia la misma meta.
Lo primero es persistir en la acción.
Lo segundo es persistir en el objetivo.
Ninguna es mejor que la otra.
Simplemente le van mejor a personas distintas.
Piensa en alguien que escribe artículos todos los días: cada vez cambian la pregunta, las fuentes, las objeciones, la estructura y la forma de decirlo.
Desde fuera parece que "otra vez está escribiendo un artículo".
Dentro de su cabeza es "hoy toca otra mazmorra".
En cambio, en un trabajo donde hay que colocar la misma pieza en el mismo lugar con precisión, no cambiar nada ya es una fortaleza.
Por eso, "me cuestan las tareas repetitivas" no significa necesariamente "no tengo constancia".
Fijarte en qué cosas sí puedes sostener sirve más que ponerle nota a tu fuerza de voluntad.
