Lavar, secar, alinear las esquinas, doblar todas las prendas al mismo ancho y colocarlas mirando hacia el mismo lado. Preparar ropa para vestirse acaba pareciendo una revista militar.
Al vivir solo puedes descubrir que algunos pasos se pueden saltar y la vida sigue. Antes de pedir que se doble más rápido, merece la pena preguntar: «¿Cuándo acordamos que tenía que hacerse así?»
Acordar cuándo está terminado
Separemos (1) lo mínimo para la limpieza y la seguridad, (2) lo que la familia ha acordado que basta, (3) la preferencia de una persona. Exigir un acabado cada vez más perfecto, prohibir saltarse pasos, agotarse y descargar el mal humor en otros crea conflicto. Elegir hacer más trabajo por gusto propio no convierte ese trabajo en obligación de toda la familia. La encuesta japonesa de 2021 muestra grandes diferencias entre esposos y esposas en el tiempo de trabajo sin sueldo en parejas con hijos menores de seis años. La investigación también cuenta el trabajo que se hace en la cabeza: prever qué hará falta, buscar distintas maneras de hacerlo, decidir y comprobar cómo va.
Antes de doblar más rápido, preguntar si hay que doblar
Antes de doblar más rápido, pregunta si hace falta doblar. Perchas, cajas separadas y limpiar cuando se necesita pueden ahorrar pasos sin perder lo importante. Hay que acordar no solo quién hace la tarea, sino cuándo se puede dar por terminada. Cambiar las tareas de casa empieza con: ¿por qué tiene que hacerse así?
[1] Statistics Bureau of Japan: 2021 Survey on Time Use and Leisure Activities, couples with children under 6. [2] Daminger, A. (2019). The Cognitive Dimension of Household Labor. DOI: https://doi.org/10.1177/0003122419859007

