Al hacer amigos en la vida adulta, una de las cosas más importantes es saber mantener la distancia adecuada.
Cuanto más desea alguien tener amigos, más fácil es que busque una relación profunda demasiado pronto.
Pero entre adultos, intentar convertirse de inmediato en mejores amigos puede hacer que la relación se vuelva pesada.
La otra persona puede ponerse a la defensiva.
Y tú también puedes agotarte.
Por eso conviene avanzar por etapas.
Primero, alguien a quien puedes saludar.
Después, alguien con quien puedes tener una charla ligera.
Luego, alguien con quien puedes hablar de aficiones.
Después, alguien a quien ya has visto varias veces.
Más adelante, alguien con quien puedes compartir una pequeña preocupación.
Luego, alguien con quien puedes ayudar y recibir ayuda cuando hay problemas.
Y, por último, alguien en quien puedes confiar a largo plazo.
Con eso basta.
Hacer amigos de adulto no es una carrera de velocidad. Es una escalera que se sube poco a poco.
No hace falta empezar hablando de cosas profundas.
No hace falta contar todas las heridas del pasado.
Tampoco tienes que entregar de inmediato tus problemas más serios sobre dinero, relaciones, familia o trabajo.
Empieza con conversaciones de bajo riesgo y observa la reacción.
¿La persona invalida o menosprecia lo que dices?
¿Intenta ponerse por encima de ti?
¿Trata tus secretos sin cuidado?
¿Cruza demasiado tus límites?
¿Su actitud sigue siendo estable después de varios encuentros?
Ajusta la distancia según lo que vayas observando.
Mantener cierta distancia no es ser frío.
Es un mecanismo de seguridad para construir relaciones que duren.
En las amistades adultas, no hace falta abrirse por completo ni cerrarse del todo. Lo adecuado es ir abriéndose poco a poco.
