Yokagao (予科顔) era el nombre de una expresión seria que, según antiguos testimonios, debían mantener las alumnas de primer curso de la Escuela de Música de Takarazuka ante las de segundo: cejas inclinadas hacia abajo y comisuras de la boca caídas. En el programa japonés Odoru! Sanma Goten!! del 20 de octubre de 2026, varias antiguas integrantes recordaron aquella costumbre. El presentador Sanma Akashiya se sorprendió al saber que incluso una sonrisa podía causar problemas. La escuela ya había anunciado cambios para eliminar esas normas informales en 2020.
¿Qué ocurrió en el plató?
La emisión de Nippon TV, de 20:00 a 21:00 en Japón, reunió a antiguas artistas de la compañía. Haruka Tokuyama, conocida en el escenario como Koko Miyahime, explicó cómo colocaban las cejas y la boca durante su primer año. Jun Shibuki recordó que algunas chicas parecían sonreír de manera natural y aun así recibían reprimendas.
Sanma preguntó si tampoco podían reírse mientras charlaban con amigas. La respuesta de Shibuki fue, en esencia, que podían hacerlo si nadie las veía. Tatsuki Koju contó que, cuando las alumnas del curso superior se iban de viaje, las más jóvenes por fin podían reír con libertad. La paradoja es evidente: un centro dedicado a formar intérpretes que expresan emociones sobre el escenario regulaba hasta las expresiones cotidianas.
¿De dónde salía esa exigencia?
La Takarazuka Revue es una compañía japonesa de teatro musical formada por mujeres, que interpretan también los papeles masculinos. Su escuela dura dos años. A las alumnas del primero se las llama yokasei y a las del segundo, honkasei. La expresión formaba parte de una antigua jerarquía entre veteranas y recién llegadas; no era un ejercicio de interpretación.
Otros usos descritos en la prensa incluían inclinarse ante los trenes utilizados por las alumnas mayores y limitar las respuestas verbales. Las propias exalumnas señalan que el rigor variaba según la época.
¿Sigue vigente?
En septiembre de 2020, medios japoneses informaron de la supresión de diversas normas no escritas, incluido el yokagao. Lo contado en televisión en 2026 es un recuerdo de las invitadas, no una descripción fiable de las reglas actuales.
Conclusión
Yokagao era una cara deliberadamente contenida que simbolizaba la subordinación de las nuevas alumnas. La sorpresa de Sanma nace del contraste entre enseñar a actuar y restringir una sonrisa. El recuerdo tiene una ironía llamativa, pero no convierte aquella disciplina excesiva en algo deseable.
