Título provisional
¿Por qué queremos ver al isópodo gigante si da asco? El encanto entre terrorífico y tierno de los animales de las profundidades
Texto principal
Siendo sinceros, cuesta llamar "lindo" al isópodo gigante (ōgusokumushi, en japonés).
Parece un bicho.
Parece un crustáceo.
Parece algo sacado del fondo del mar.
Parece una cochinilla de la humedad enorme.
Seguro que a más de uno se le escapa un "uf" apenas lo ve.
Y aun así, quieres verlo.
Ese es el poder del isópodo gigante.
En el mapa del Acuario de Takeshima, el isópodo gigante aparece como el representante de los animales de aguas profundas. Según la descripción oficial, hay una piscina táctil con criaturas de las profundidades donde se puede tocar con las manos al isópodo gigante, al cangrejo araña gigante (takaashigani) y al cangrejo de caparazón espinoso (igaguri-gani), entre otros.
Ese "se puede tocar" pesa muchísimo.
Normalmente, al isópodo gigante nos basta con verlo al otro lado de una pantalla.
Pero en el acuario lo tienes cerca.
Quizá puedas tocarlo.
Quizá se mueva.
Esa cercanía convierte el asco en curiosidad.
El encanto del isópodo gigante no es que sea lindo, sino que es "terrorífico y tierno" a la vez.
A las personas no nos gusta mirar solo lo perfectamente bello.
Algo un poco aterrador.
Algo un poco asqueroso.
Pero que se pueda ver sin peligro.
Y que esté lejos de nuestra vida diaria.
Con cosas así también reaccionamos con fuerza.
Los animales de las profundidades cumplen todas esas condiciones.
No te los vas a topar nunca en la vida cotidiana.
Tienen un aspecto raro.
No se entiende por qué acabaron así.
Pero dentro de la pecera de un acuario, son inofensivos.
Esa "rareza segura" es lo que hace tan atractivo al isópodo gigante.
Mucha gente lo compara con las cochinillas de la humedad y los bichos bola. Es un isópodo de gran tamaño, conocido por vivir en el fondo del mar profundo. Como allí hay poca comida, también hace de equipo de limpieza: aprovecha los restos de animales muertos y la materia orgánica que cae desde arriba.
Esto también es curioso.
Su aspecto te hace decir "uf", pero por cómo vive se parece más a un descomponedor, a un limpiador de las profundidades.
Un ecosistema de aguas profundas necesita seres así.
Es decir, el isópodo gigante solo sale perdiendo por su apariencia; su función es bastante importante.
De aquí podemos sacar una lección para la sociedad humana.
Aspecto soso, da miedo, raro, asqueroso.
Pero en realidad cumple un papel clave dentro del sistema.
Pasa también en el trabajo y en las organizaciones.
No es vistoso, pero se encarga de lo que hay que resolver.
No se ve, pero es quien deja todo ordenado.
Funciona justo en los lugares que todos evitan.
El isópodo gigante es el encargado discreto pero esencial de las profundidades.
Por eso, la conclusión del artículo puede ser esta.
No queremos ver al isópodo gigante porque da asco.
Queremos verlo porque, aunque da asco, tiene una función.
Es fascinante poder observar, desde una distancia segura, al equipo de limpieza de un mundo desconocido.
El encanto de los animales de las profundidades no está solo en lo lindo o lo bonito.
Esa sensación de "¿pero qué es esto?" es, tal cual, la puerta de entrada.
El isópodo gigante es el mejor ejemplo.
La idea del artículo en una frase
Al isópodo gigante no se le acaba la gracia con el asco: da asco, pero tiene una función, y por eso dan ganas de verlo.
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