Un paseo nocturno por un parque oscuro empezaba a parecer una película de terror. Hasta que aparecieron tres parejas acurrucadas en los bancos.
Primero, alivio: «¡Vaya, aquí hay gente!».
Después, un poquito de envidia. Pasar la noche con alguien especial tenía muy buena pinta.
Y entonces llegó el recuerdo incómodo: el caminante había estado murmurando «Mamá…» en la oscuridad.
Un momento. ¿Y si el personaje inquietante era él?
El creador de terror que se asustó primero
Antes del paseo, esa persona estaba trabajando en una obra de terror y pensando cómo asustar al público.
Al salir, su imaginación siguió haciendo horas extras. No había apariciones ni sonidos extraños. Simplemente estaba oscuro.
Aunque hubiera algunas luces, la noche imponía respeto. El creador resultó ser su primera víctima.
De película de miedo a cita romántica
En los bancos no había una pareja, sino tres.
De golpe, el lugar dejó de parecer un escenario siniestro y se convirtió en un sitio tranquilo para estar con alguien.
Las parejas no hacían nada por el caminante, pero su presencia le dio seguridad y hasta cierta envidia.
Sin saberlo, acababan de ser nombradas embajadoras de la paz nocturna por un desconocido.
El camuflaje de las parejas
Había un detalle curioso: se confundían casi por completo con el paisaje oscuro.
Bancos, árboles, ropa y sombras se mezclaban. Aquel caminante, preocupado por lo que pudiera haber en la noche, había tardado en distinguir a seis personas de carne y hueso.
Y mientras tanto, iba hablando consigo mismo. Excelente capacidad de vigilancia.
¿Y si alguien oyó «Mamá…»?
Imagina que estás sentado en uno de los bancos con alguien que te gusta.
Por el sendero oscuro se acerca una figura solitaria y se escucha un murmullo:
«Mamá…».
Eso sí parece el inicio de una historia de miedo.
Por supuesto, no sabemos si las parejas oyeron nada ni cómo reaccionaron. Es una escena imaginada para cambiar el punto de vista.
Para el caminante, el parque era inquietante. Para otra persona, podría haber sido él la figura misteriosa de la noche.
El giro final
Tres parejas hicieron que el parque pareciera seguro y romántico. El creador de terror, en cambio, acabó preguntándose si había interpretado al personaje más extraño.
A veces basta con girar la cámara para intercambiar al asustado y al que asusta.
