Hay personas que disfrutan tanto besando que hacen pequeños gestos con los labios hasta cuando están solas. Pío, pío. Por fuera parecen humanas; por dentro hay un pajarito en pleno cortejo.
Les encanta dar besos. También poner cara de «¿un besito?» y recibir uno. Sin embargo, cuando su pareja las besa o abraza espontáneamente, la alegría es aún mayor. Un «me gustas» inesperado provoca algo parecido.
Quizá la clave no sea solamente el contacto de los labios.
1. Acercarse ya puede ser un placer
Dar la mano, abrazar, acurrucarse y besar pueden ser placeres por sí solos, sin que cada gesto tenga que conducir al sexo.
Investigaciones con parejas de varios países han encontrado una relación entre los gestos de cariño físico y el amor que sus miembros dicen sentir. El primer «pío» significa: «Me gustas, ven más cerca».
2. Un beso pedido y otro espontáneo dicen cosas distintas
Al dar un beso, expresas tu cariño. Si pides uno con un gesto y te corresponden, también disfrutas de sentirte comprendido.
Si tu pareja toma la iniciativa, llega una información nueva: también ha sentido ganas de acercarse a ti. Al placer del contacto puede sumarse la alegría de sentirse elegido.
Es una interpretación de esta experiencia, no una ley universal. Estudios sobre parejas también han observado una relación entre sentirse cuidado y comprendido y los contactos afectuosos cotidianos.
3. Las palabras son la pista definitiva
Si escuchar «te quiero» o «me gustas» sin haberlo pedido te hace igual de feliz, no se trata solo de la piel.
Puede haber dos alegrías superpuestas: disfrutar de la cercanía y recibir una muestra de afecto que nace de la otra persona.
Decir «te quiero» es enviar un mensaje. Oírlo espontáneamente es recibir un paquete sorpresa. Envío gratis.
4. Disfrutar de la soledad no impide ser un mimoso
Alguien puede pasarlo bien a solas, no inquietarse por una respuesta tardía y, al reunirse con su pareja, convertirse en un pajarito que pide abrazos.
Para estudiar la seguridad en las relaciones se distingue entre el miedo al abandono y la incomodidad con la intimidad. Ni disfrutar del tiempo a solas ni amar los besos determina por sí mismo el estilo de apego.
«Estoy bien solo y contigo estoy aún mejor» no contiene contradicción alguna.
5. El duendecillo de la oxitocina
Este pajarito merece un apodo: el duendecillo de la oxitocina. Besos, abrazos y palabras tiernas le encienden las luces.
El placer del contacto incluye sensaciones de la piel, experiencias, el contexto de la relación y distintos procesos cerebrales. La oxitocina se investiga como una parte de ese conjunto, pero gustar de los besos no permite medir su nivel en una persona.
El apodo es una broma, no un diagnóstico. Ningún laboratorio ofrece un análisis de «pajarito cariñoso: 92 puntos».
6. Expresar lo que te gusta ayuda a los dos
«Me encanta cuando tú me abrazas primero». «Me alegra que me digas que me quieres». Decirlo ayuda a entenderse.
Ambos tienen sus propios deseos y límites. Las sorpresas físicas son bonitas cuando son bienvenidas. Un beso que llega después de pedirlo también es auténtico.
7. El pajarito independiente
Le gusta besar, recibir besos, los abrazos inesperados, las palabras bonitas y pasar tiempo a solas.
Quizá no necesite que lo tranquilicen continuamente. Simplemente se pone a cantar cuando alguien especial decide mostrarle cariño.
Pío, pío.
«¿Qué pájaro es ese?»
«Uno que canta cuando le llega el amor».


